martes, 1 de marzo de 2016

Universidades productivas o fábrica de ridiculeces



Bernardo Ancidey
La visión del rol de las universidades en el desarrollo económico que domina el pensamiento de autoridades públicas venezolanas es definitivamente anti-capitalista. Pero no porque sea socialista o adopte una de las múltiples vertientes ideológicas que se dicen anticapitalistas. Nada que ver.

Es anti-capitalista porque no tienen ni idea de cómo funcionan la ciencia y las universidades dentro del capitalismo y lo que es peor, no tienen ningún interés en averiguarlo.

Por eso resultan risibles esas declaraciones sobre universidades productivas dictadas en medio de rectores, al parecer, unos iguales de ignorantes y otros, más sabios, burlándose para sus adentros de las afirmaciones grandilocuentes del personero de turno.

En estos días con toda la desesperación diaria porque no nos alcanza la quincena sino para uno o dos días, se incrementan exponencialmente esa cornucopia infinita de declaraciones altisonantes que esperan que las universidades en Venezuela produzcan todo lo que en 60-70 años no han podido hacer la burguesía parasitaria y sus socios, los capitalistas de estado.

Esto es puro pensamiento mágico. Como ya lo expuse con bastante detalle en otros artículos[1], las universidades y la actividad científica en general no están para producir, su tarea es la formación de profesionales y la producción de conocimientos, junto a la prestación de algunos servicios muy específicos a la comunidad. La producción en el capitalismo se realiza en las empresas, al igual que la innovación con impacto social. De modo que los que esperan que las universidades se conviertan en una especie de fábrica de soluciones para la crisis económica del país, solo están engañándose a sí mismos y a los ingenuos que les crean.

Las opciones siguen siendo dos: capitalismo o socialismo, y en función de las mismas es que pueden pensarse con seriedad acerca del rol de las universidades y de la ciencia en general. Con Chávez soñamos con una universidad socialista profundamente vinculada con los procesos de cambio social, con Maduro no sabemos, pero si debemos atenernos a sus actos, pareciera que el socialismo es una meta cada vez más lejana. De modo que toca pensar en un rol de las universidades en el marco del desarrollo económico dentro del capitalismo. Y dentro de este sistema olvídense de universidades produciendo y generando ingresos propios. De hecho, en los casos que esto ha ocurrido ha sido a costa de una tremenda descapitalización del patrimonio universitario, con “fundaciones” que hicieron los que les dio la gana, sustrayendo recursos para enriquecer a unos pocos vivos. Así poco a poco las universidades perdieron control hasta sobre sus instalaciones, como lo muestra el famoso caso del mercado de los corotos en el estacionamiento del estadio universitario de Caracas, verdadero aguantadero de cosas robadas o la zona rental de la UCV cuyos ingresos nunca supimos a donde fueron.

Y esto no solo pasó en las universidades, los tecnológicos también se vieron azotados por fundaciones que terminaron teniendo más poder y riqueza que las propias autoridades. Fue una lucha larga para desmontar toda esa estructura envilecida, que creció bajo la creencia, que parecen querer reeditar otra vez, de utilizar los recursos universitarios supuestamente para generar ingresos propios.

Por otra parte junto a los ingresos propios, está la idea conexa del cobro de matrículas, lo cual hay que recordar que sí se implementó en la Universidad Simón Bolívar a fines del siglo pasado y había planes para extenderlo hacia el resto del sistema universitario público. De modo que ingresos propios y cobro de matrícula son términos que difícilmente pueden separarse.

Por supuesto que es posible que las universidades de manera complementaria generen ingresos, y de hecho todas tienen una u otra forma de hacerlo, pero pensar que van a mantenerse y a desarrollarse sobre esta base, es una ilusión peligrosa, que puede tergiversar los objetivos de las casas de estudio y lo que es peor aún, hacer pensar que el Estado puede desentenderse de sus obligaciones educativas.

Para cubrir las exigencias presupuestarias no hay que estar alentando fantasías, sino realizar una reforma tributaria que peche a los grandes capitales y no a los asalariados. Así sería muy fácil disponer de los recursos que demanda la educación universitaria.

De modo que las opciones son claras y no hace falta continuar fabricando ridiculeces.


[1]Innovación, tecnología y ciencia de oropel en http://www.aporrea.org/tecno/a221867.html. y Innovación, tecnología y ciencia de oropel (II) en http://www.aporrea.org/actualidad/a221909.html

No hay comentarios: