viernes, 24 de agosto de 2018

La Administración anterior


Omar Gómez
Frecuentemente nos encontramos con camaradas, muchas veces inexpertos, que llegan a presidir una institución sin entender con claridad el papel que allí deben jugar. En todas las instituciones a las que se llega la tarea fundamental es enfrentar el capitalismo, derrotar al Estado Burgués y trabajar por el pueblo. Todo eso se resume en decir que la tarea principal y hasta única es hacer la Revolución.

Pero resulta que aquí es donde pierden el norte algunos camaradas. Llegan a la institución porque alguien de confianza lo recomienda o lo designa en el cargo y a partir de allí empieza a creer que el funcionario anterior no lo supo hacer, porque era un incapaz y/o porque era un escuálido escondido. Por esa razón, estos funcionarios impiden que haya continuidad administrativa porque no pueden seguir con lo que hizo el traidor anterior. A esto se suma el juicio de los funcionarios bajo su cargo, muchos de ellos de oposición, que juegan al desprestigio, al divisionismo y a hablar mal de los revolucionarios.

En ese contexto, como la continuidad administrativa es imposible, empieza un extraño juego en el que el Camarada se hace eco de los ataques (o por lo menos los ignora) a la Institución y por otro lado comienza una defensa a ultranza de su gestión. Es decir, empieza a defender la gestión y no a la Institución, como si la gestión fuese algo personal, y la Institución que depende de la Revolución fuese algo secundario.

Este problema se da por la falta de formación y de experiencia de algunos de estos camaradas, los cuales son proclives a que en algún momento puedan saltar la talanquera al ser ablandados por tantos elogios de la oposición. Aquí tenemos que recordar lo que siempre decía nuestro Comandante Chávez: "si la oposición me aplaude, algo estoy haciendo mal".

Para evitar esto, es urgente que el camarada que asume la institución abra sus ojos y escuche a todos. Cuando llega a la institución lo primero que debe hacer es reunirse con los trabajadores y con la comunidad, pero también con las formas de organización que existen tanto en el organismo como en la comunidad. El Consejo de los Trabajadores, los Consejos Comunales, la Comuna, los CLAP y las UBCH son las expresiones del Poder Popular a las cuales se debe el Camarada en primera instancia, porque son las que están comprometidas con la Revolución, fin último por el que está en el cargo que ha asumido. Debe diferenciar entre lo que son organizaciones que representan el viejo Estado que se niega a morir y el nuevo Estado que no termina de nacer.

Si algún funcionario de alguna administración pasada tomó decisiones erradas, o si estuvo incurso en delitos como la corrupción, es importante que se haga la denuncia y que sean los organismos de control del propio Estado los que se hagan cargo. Pero ojo, esto significa que se ataca y denuncia las prácticas dañinas de estos funcionarios y no de la Institución. Porque es fácil caer en el juego de la derecha que lisonjea al nuevo encargado mientras denigra del anterior, sabiendo ellos de manera consciente que en el fondo están atacando a la Revolución y convirtiendo en tonto útil al Camarada. Este último debe recordar que, cuando sea cambiado de cargo, le van a hacer exactamente lo mismo que le hacen a las administraciones anteriores. Seamos revolucionarios y defendamos a la Revolución en todos los espacios, sin miedo y sin dejarnos engañar por la derecha.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Comuna y Legitimidad


Omar Gómez
Para todos es claro que la Comuna es un espacio de participación y de construcción del Estado Comunal y de la sociedad socialista, genuina herencia de nuestro Comandante Chávez y de las luchas que dieron miles de venezolanos por la Revolución. Contrario a la propaganda de la Derecha, la Comuna es expresión máxima de la Democracia, de la participación y del ejercicio real de la soberanía.  No es simplemente una entidad administrativa que agrupa a un determinado territorio. Es mucho más que eso, es en donde se ejercita el aprendizaje del Socialismo, en donde nuevas relaciones de producción deben ser ensayadas y en donde la colaboración, la solidaridad, la complementariedad, el respeto y la excelencia son valores que caracterizan dichas relaciones. 

Por esto es fundamental que la Comuna sea además de un espacio territorial y administrativo, un espacio productivo, porque a diferencia de un municipio o de un Estado, no se perciben rentas provenientes de impuestos, al contrario, el financiamiento  de la Comuna debe hacerse mediante el desarrollo de experiencias productivas que la hagan sostenible y sustentable. De ahí que las Comunas que perduran en el tiempo se identifican con la Autogestión, mientras que las que quieren vivir de créditos y asignaciones del Estado son más débiles y están condenadas al fracaso.
Por otro lado, la Comuna es una fuente de innovación en esas nuevas relaciones sociales y en las formas organizativas. No es en la Comuna  donde se practica la verticalidad, el burocratismo y el autoritarismo. La Comuna se caracteriza por mostrar una dirección colectiva que se diferencia del Centralismo Democrático y que asume el asambleísmo y la consulta permanente como ejes de dirección de los comuneros. Así, estos quedan investidos de la figura de voceros y no de representantes, siendo estos últimos secuela de la Democracia burguesa que hoy tratamos de superar. Tales conceptos están perfectamente recogidos en esa perfectible Ley Orgánica de las Comunas, la cual se constituye en un verdadero faro que alumbra el camino de la Revolución, solo posible por el genio de nuestro Comandante Eterno.
A pesar de esto, las Comunas tienen riesgos que ponen en peligro su existencia, y tienen que ver con los vicios que el capitalismo ha sembrado en nosotros y que nos lleva a tener que cuestionarnos, a criticarnos, a estudiar y a debatir, para que podamos descubrir los problemas que se presentan más allá de los coyunturales. El vanguardismo, el sectarismo, el inmediatismo, las imposiciones y la politiquería con p minúscula, son varios de los problemas que a diario se presentan.  Ante esto se plantean dos elementos fundamentales a considerar en la Comuna.
En primer lugar, la Comuna tiene que estar conformada por quienes sean válidamente electos en sus Consejos Comunales, en Asambleas Abiertas, en donde no haya miedo de que en las mismas participe la Derecha. Si creemos en la Comuna, la misma va a ir desechando las prácticas contrarrevolucionarias. Si las Asambleas son cerradas, los voceros van a ser expresión de un solo grupo o sector, perdiendo  carácter democrático la Comuna y comprometiendo su legitimidad. Debemos entender, como decía Lenin, que "la revolución no es lineal, es dialéctica, desenvolviéndose en innumerables contradicciones", por lo que la presencia de voceros que inicialmente no se identifiquen con el Socialismo será una prueba de fuego, y nos obligará a validar en la práctica los planteamientos de la Revolución. La legitimidad de la Comuna viene dada entonces por ser expresión genuina de los ciudadanos organizados de su ámbito territorial, constituyéndose en la nueva geometría del poder.
En segundo lugar, la Comuna debe tener un profundo carácter de inclusión, de llegarle a los movimientos culturales, deportivos, políticos y de cualquier índole que reflejen niveles de organización dentro del territorio de la Comuna. Son los ciudadanos organizados los sujetos de transformación del espacio de la Comuna y de articulación con otras Comunas, con miras a lograr niveles de agregación que fortalezcan el proceso comunal. Una Comuna que se encierra, que no incorpora, que excluye, que se reúne en secreto, que esconde sus discusiones, es una Comuna que está de espaldas a los ciudadanos de su territorio. Por lo tanto la apertura de la misma es fundamental para garantizar el trabajo y el empoderamiento colectivo, lo cual se traducirá en un futuro, no en la toma del Poder, sino en su destrucción.
Por último, la práctica autogestionaria de la Comuna debe estar dirigida a su sostenibilidad en el tiempo, pero su política debe estar orientada a generar aprendizajes en los ciudadanos que les enseñe  que el enemigo a vencer es el Capitalismo y que les muestre, de manera fehaciente, las formas en que el mismo se expresa.

jueves, 9 de agosto de 2018

Ley Orgánica de Comunas vs Ley de Propiedad Horizontal


Omar Gómez
Es común que en aquellos sitios en los que existan propiedades horizontales y se conforman Consejos Comunales surjan problemas. Estos derivan principalmente del supuesto conflicto de intereses que se generan. En el caso del Complejo Urbanístico Parque Central, el más importante del país, el conflicto es mayor aún. Esto es consecuencia de un poderoso Poder Popular que todavía no es consciente de su fuerza y de unas moribundas Asociaciones de Propietarios, quienes han querido fungir como administradores y que han sido el refugio de la más recalcitrante derecha.

Con la Conformación de la Comuna Parque Central, todavía naciendo como proceso interesante de autogobierno, ha surgido en el territorio un espacio en el que, tal como lo dice el artículo 1 de la Ley Orgánica de Comunas, los ciudadanos “ejercen el pleno derecho de la soberanía y desarrollan la participación protagónica mediante formas de autogobierno para la edificación del Estado Comunal”.

Ese Estado Comunal es la concreción, de acuerdo a lo que planteaba nuestro comandante Chávez, del Socialismo que construimos en Venezuela. Nuestro socialismo se expresa en ese Estado Comunal, en el que los ciudadanos desarrollan “un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno y sustentable, que permita alcanzar la suprema felicidad social de los venezolanos y venezolanas”.

Durante mucho tiempo los vecinos, en las comunidades, se organizaban a través de asociaciones de vecinos, asambleas de propietarios o juntas de condominio, para resolver problemas concretos de índole vecinal. Se llegó incluso a promulgar la Ley de Propiedad Horizontal la cual normaba las condiciones en las que los vecinos se organizaban para el tratamiento de las áreas comunes, las responsabilidades compartidas, e incluso el modelo organizativo para atacar estos problemas. Sin embargo, la Ley estaba muy lejos de constituirse en una experiencia de autogobierno para las comunidades.

Es con la Revolución y con la Democracia Participativa y Protagónica que se asume al individuo como sujeto activo de la transformación del entorno y no como el sujeto pasivo que ejerce la democracia únicamente a través del voto.
Las leyes del Poder Popular, y particularmente la Ley Orgánica de las Comunas ha pretendido dar un vuelco con ese modelo puntofijista para que el individuo protagonice y construya los cambios de su ambiente.

Por eso el Poder Popular y las leyes que le dan vida orgánica y jurídica al mismo están por encima de cualquier otra ley de carácter ordinario o contraria al espíritu de participación y protagonismo. La Ley de Propiedad Horizontal delega en una junta de condominio la representatividad de los vecinos, actuando esta a nombre de los últimos como si los vecinos no tuvieran capacidad para incidir en las decisiones. Son leyes que están al servicio de la Democracia Representativa.

El Poder Popular, a través de los Consejos Comunales y la Comuna son los llamados a ejercer el autogobierno local, sustituyendo cualquier tipo de organización de carácter representativo y colocando a los vecinos como constructores directos de sus destinos.

La meta última es el Estado Comunal, la participación activa y protagónica del pueblo, y la construcción del Socialismo. Y como dice la Ley Orgánica de las Comunas, “la célula fundamental del Estado Comunal es la Comuna”.