lunes, 22 de febrero de 2016

Parasitismo burgués, no es insulto ni metáfora, es una caracterización correcta

Bernardo Ancidey
Una querida amiga me reclamó el uso de adjetivos denigrantes en otro artículo1 para referirnos al adversario político. Le señalé que calificarlo como burguesía parásita no es un adjetivo denigrante y tampoco un recurso retórico como la metáfora, sino un modelo adecuado para caracterizar la relación de la burguesía venezolana con su propio país, y en especial con el Estado y la economía.
Le pido un poquito de paciencia a mi amigo lector para explicarme.
A diferentes niveles de organización de la materia es posible encontrarse con el fenómeno del parasitismo. En biología se define como una relación íntima y obligatoria entre dos organismos heteroespecíficos durante la cual el parásito, usualmente más pequeño depende metabólicamente del hospedador2. Pero el concepto trasciende a la biología y se extiende a todos aquellos sistemas en no equilibrio en los cuales aparece el fenómeno de la auto-organización y que pueden presentarse en otros niveles organizacionales, desde el mundo de la física microscópica hasta los sistemas sociales.
Hasta donde sabemos la organización de la materia en estructuras, denominadas disipativas por Ilya Prigogine, ocurre como respuesta de los propios sistemas para expulsar entropía de una manera más eficaz que la materia desorganizada. Los procesos que conducen a la auto-organización de la materia son no lineales y la misma dinámica que crea la organización también conduce a su debilitamiento o destrucción a través de procesos de segundo orden. No es pues un fenómeno extraño sino inherente al propio proceso de organización de la materia, es como dirían algunos, una dialéctica en la cual lo nacido conlleva el germen de su propia destrucción.
El ejemplo por excelencia de parasitismo derivado de los propios procesos de autoorganización se encuentra en los seres vivos, los cuales han alcanzando muestras extraordinarias de sofisticada complejidad. Por su parte, físicos e ingenieros reconocen de inmediato en su ámbito a las llamadas corrientes de Foucault o parásitas, engendradas por la misma dinámica electromagnética que permiten obtener energía eléctrica para nuestros hogares y fábricas. Los informáticos y expertos en comunicaciones también conocen los ruidos o distorsiones en la información causados por los procesos de retroalimentación en la generación o transmisión de la información. En este último caso el “ruido” es el parásito.
Lo que guardan en común estos fenómenos es la presencia de una dinámica que origina un efecto principal, la organización de la vida o la generación de un flujo eléctrico o de información, pero que en un segundo orden genera una dinámica contraria al efecto principal. En el caso de la biología se obtiene un debilitamiento o destrucción de la vida y en los otros dos una pérdida de energía o de información. Si intentamos amplificar los efectos principales podemos obtener paradójicamente un debilitamiento del sistema global, porque se incrementan los efectos no lineales contrarios al efecto principal deseado.
Evitar o reducir las pérdidas es todo un tema de investigación básica y aplicada muy interesante, pero que nos aleja de nuestro objetivo principal que es la comprensión del parasitismo y como este es un fenómeno que también se manifiesta en lo social.
La diferencia más notable entre el parasitismo biológico y el observado en los otros ámbitos naturales, es la capacidad de adaptación del parásito a un entorno cambiante. Y justamente este potencial también se manifiesta en el siguiente nivel de la organización de la materia y que tiene como precedente al nivel biológico: el nivel social. Pero antes de abordarlo continuemos analizando los elementos que caracterizan al parasitismo a nivel biológico y cómo puede ayudarnos a entender, más allá de la metáfora fácil, al parasitismo en el nivel social.
En el concepto prestado de la biología, identificamos la presencia de al menos dos entidades: el hospedador y parásito propiamente dicho. No está demás decir un parásito puede tener varios hospedadores a lo largo de su vida, como el caso de la bilharzia que aprendimos en la escuela.
En esta relación, el parásito siempre obtiene una ventaja a costa del hospedador, y ésta es sin duda la característica principal del parasitismo. Si llegara el caso que el hospedador obtiene una ventaja del parásito, ahora la relación sería beneficiosa para las dos y estaríamos en presencia de lo que se denomina mutualismo.
Ahora bien, el parasitismo puede implicar un daño para el hospedador, de modo que en este caso éste último buscará la forma de deshacerse del parásito. Esto no le conviene al parásito y él también buscará maneras de evitar ser expulsado de su hospedador. A partir de aquí se inicia una verdadera guerra sin fin en la cual a cada acción realizada por uno le corresponderá una reacción del otro en sentido contrario. A este proceso se le conoce como co-evolución y puede no tener fin, terminar con la desaparición del parásito o del hospedador, o llegar a una situación de equilibrio en la cual ambos sobrevivan. Por supuesto nunca se tendrá una palabra final porque los cambios en el entorno pueden reavivar estas batallas en cualquier momento.
Sin embargo, las situaciones de equilibrio (siempre inestables) son interesantes, porque se dan en el momento en que el parásito prácticamente se integra con su hospedador. Algo así parece haber ocurrido con nuestra flora intestinal, que aún cuando está compuesto por agentes extraños a nuestro cuerpo, vivimos en paz con ella desde que andábamos por las ramas de los árboles y tal vez mucho antes.
Bajo esta óptica, el parásito fracasado es aquel que acaba con su hospedador sin poder reproducirse, mientras que el exitoso es aquel que logra que el hospedador lo acepte y puedan ambos seguir viviendo juntos. El virus del Ébola es aleccionador en este sentido, los epidemiólogos han observado que la reciente cepa que actuó en Liberia y otros países africanos, es menos letal que la observada en anteriores brotes. El virus ha mutado para no ser tan letal, de modo que su portador viva más tiempo y le dé oportunidad para propagarse a otros hospedadores. Si el hospedador muere rápido no le daría tiempo al virus de propagarse y terminaría muriendo con su hospedador.
Los virus de la gripe por su parte son excelente parásitos, porque casi nunca matan al portador y se propagan de la manera más fácil, es decir cuando usted y yo ya estamos contagiados, pero tenemos suficiente fuerza para ir a la calle y contaminar a muchísima más gente.
Y finalmente los mejores parásitos para nosotros son aquellos con los cuales terminamos desarrollando una relación mutualista, en las cuales ellos prácticamente se integran a nosotros brindándonos beneficios, como los ya comentados de la microbiota contenida en nuestro colón. Pero esto no es resultado de una relación fundamentada en una visión rosa de la naturaleza. Nada que ver. La forma como esa microbiota llegó a la santa paz con nosotros se debe a los mismos mecanismos con los cuales opera todo parásito, es decir engañando a nuestras defensas para que no los ataquen y esto lo hicieron disfrazándose e infiltrando al “enemigo”, es decir a su hospedador, al punto que este lo termina viendo como parte de sí mismo o es efectivamente parte de sí mismo3.
En esta lucha y convivencia entre parásito y hospedador, el primero puede alcanzar un grado de especialización tan sofisticado que prácticamente no puede existir fuera de su hospedador porque en el camino evolutivo se ha deshecho de todas aquellas capacidades que en algún momento del pasado le permitían existir por sí mismo sin necesidad de parasitar a nadie. Literalmente estos seres se simplifican, quedándose con lo único que necesitan para seguir parasitando.
Me imagino que más de uno al leer esto verá inmediatamente retratada a la burguesía venezolana, adherida como excrecencia maligna al cuerpo social venezolano, deshecha de toda capacidad para generar y producir riqueza de la forma en que es de esperar dentro del capitalismo, es decir invirtiendo en negocios que generen riqueza de la cual apropiarse. Todo lo contrario, sin capacidad para producir nada, se ha adaptado para captar la riqueza generada por el Estado venezolano, a través de mil y un trucos que le permiten enriquecerse fácilmente sin arriesgar ni un solo dólar. Es una clase burguesa simplificada.
Pero las similitudes no terminan aquí. Los parásitos desarrollan estrategias para controlar al hospedador de manera que este no solo deje de actuar contra él, sino que vaya más allá, convirtiéndolo en instrumento para el logro de los fines del parásito. En efecto, son capaces de convertir a sus hospedadores en verdaderos esclavos zombis que terminan haciendo actividades que le son dañinas o los ponen en grave riesgo, todo para beneficiar al parásito. Esto lo logran adueñándose de la mente de sus hospedadores.
Sí, aunque parezca ciencia ficción no lo es, los parásitos llegan a desarrollar la capacidad para controlar la mente de sus hospedadores y que estos hagan actos en contra de lo que sería su comportamiento normal. Y esto no es algo que ocurra solamente en seres vivos con poca capacidad cerebral como los caracoles infectados con parásitos que se ofrecen para ser devorados por los pájaros. Estudios recientes muestran que los seres humanos infectados con el protozoo causante de la toxoplasmosis, tienden a realizar actividades riesgosas que no harían normalmente. La lombriz de Guinea forza a los portadores humanos a sumergir sus piernas en el agua buscando alivio con lo cual facilitan la reproducción del parásito. También hay evidencias que apuntan a una relación entre las conductas adictivas y obsesivas típicas de las enfermedades del siglo XXI con el desbalance en la composición de nuestra microbiota intestinal.
Esta última característica del parásito es aún más reveladora que la anterior, es decir casi todos de una manera u otra sabemos que los parásitos hacen daño y nos enferman, aprovechándose de nosotros para subsistir y reproducirse. Pero seguramente desconocíamos esta última propiedad, la de poder controlarnos y ponernos a realizar actividades que nos ponen en peligro solo para beneficiar al parásito.
Sin duda que este último elemento caracteriza muchísimo mejor a la acción de la burguesía venezolana y su capacidad para que hagamos cosas tales como el control de divisas, supuestamente para combatirlas y terminar beneficiándola mucho más.
El tercer elemento ya lo señalamos al comentar la lucha sin fin para expulsar el parásito y como este desarrolla contramedidas. A nivel social hemos visto la reacción violenta de la burguesía venezolana cada vez que se siente amenazada, como en el caso de las primeras leyes derivadas de la habilitante de Chávez del año 2000 que conllevaron al golpe de estado de abril de 2002, luego el sabotaje petrolero y el lock out patronal de 2002-2003, y las más recientes guarimbas luego de la derrota electoral en las presidenciales 2013 y la intentona fascista de la “salida” en 2014.
También la burguesía venezolana ha desarrollado estrategias de infiltración, haciéndose pasar por roja-rojita, y llegando a controlar al propio aparato estatal para que éste la favorezca. Lo más terrible es que ha sido tan eficaz en esta labor de infiltración y control que llegamos a pensar que sin ella no tenemos futuro económico. Por eso la integramos dentro de nuestras políticas públicas y nos sentamos con ella, la misma responsable de la gigantesca fuga de capital, para que supuestamente nos ayude a reactivar la economía que ella misma destruyó.
.Pero esto no solo ocurre a nivel de Gobierno, sino también a nivel de calle, con gente engañada, que cada vez que sufre de la escasez y del alza de precios, señala al Gobierno como culpable, cuando el culpable lo tiene al frente.
En síntesis, las características que definen la actividad parasitaria, de vivir a costa del daño a su hospedador, la simplificación estructural y funcional del parásito, el control incluso mental sobre el hospedador, las contramedidas violentas que toma para evitar ser expulsada y finalmente su capacidad de infiltración y disimulo, permiten afirmar que calificar a la burguesía venezolana como parásita, no es un recurso retórico, ni un adjetivo denigrante, es una caracterización absolutamente correcta.
1 ¿Qué hacer con el control de divisas en Venezuela? En http://www.aporrea.org/contraloria/a222996.html
2 López E., Nelson ¿Qué es el parasitismo? ULA, Facultad de Ciencias, Dpto. de Biología, Laboratorio de Protozoarios. En http://www.ciencias.ula.ve/biolprot/protozoo/parasito.html.
3 Existe un crústaceo Cymothoa exigua que devora la lengua de los peces y la sustituye por el mismo

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