Omar Gómez
El pueblo venezolano, en su nobleza, suele ser confiado e ingenuo. Es parte de nuestra esencia: somos alegres, hospitalarios, amistosos, confiados, sinceros y profundamente optimistas. Sin embargo, esa misma franqueza se traduce a veces en una ingenuidad peligrosa cuando la trasladamos al escenario geopolítico mundial, donde los lobos imperiales no juegan bajo reglas de caballerosidad.
El pasado jueves 26 de marzo, una multitud de compatriotas permaneció en vigilia; algunos pegados a las redes y a la mediática internacional, otros concentrados en nuestras Plazas Bolívar. Muchos albergaban, cándidamente, la esperanza de que un juez del imperio comprendería la ilegalidad de retener a nuestro Presidente y ordenaría su retorno inmediato a la Patria. Esperaban que la verdad triunfara sobre la infamia. Pero la realidad fue otra, y no podía ser distinta cuando se trata de un sistema diseñado por y para delincuentes internacionales.
En los medios se insistió, de forma casi alienante, en la "justez" de los argumentos de la defensa y en la supuesta erudición de los abogados, apelando a la quimera de la imparcialidad judicial estadounidense. Se vendió la falsa idea de que, pagando una defensa técnica, se convencería a un tribunal de desestimar la causa. Esa es la narrativa engañosa que intentaron inocular en el imaginario de nuestro pueblo.
Seamos claros: no estamos ante un sistema de justicia independiente, sino ante el brazo ejecutor de una potencia imperial que actúa en la absoluta ilegalidad global. Es el sistema que legitima a un personero que pretende ser dueño del mundo; un sujeto que, apenas asumió el poder, mostró sus garras coloniales amenazando con apropiarse de Groenlandia, Canadá, México, el Canal de Panamá, Cuba y nuestra Venezuela. Es el mismo que promueve y disfruta sádicamente la guerra contra Irán, avala el genocidio contra el pueblo palestino y cuyo nombre resuena en las cloacas morales de los "papeles de Epstein", en donde miles de fotos, videos y testimonios nos hablan de su calaña. ¿Es en esa moral putrefacta en la que vamos a confiar?
Además, muchos parecen olvidar la génesis de este atropello. El "acusado" no llegó a esas cortes por un proceso civilizado o apegado al derecho internacional, no fue a través de un proceso judicial o de una sentencia de un tribunal. Su presencia allí es el fruto de una operación militar contra una nación que históricamente ha sido símbolo de Paz. “El acusado” está allí porque se realizó una invasión criminal y una masacre contra los patriotas que lo custodiaban. Los invasores pisotearon el sagrado suelo de la Patria para ejecutar un secuestro, un detalle que los medios pretenden borrar.
Si existiera una pizca de justicia real en ese país, lo que procedería sería introducir miles de demandas contra el Estado norteamericano por cada soldado mártir asesinado en nuestro suelo y por los heridos durante su incursión armada. Pero no pequemos de incautos.
Hay que repetirlo con fuerza: nuestro Presidente Constitucional está secuestrado. Es víctima de una agresión sangrienta por parte del imperio más criminal que haya conocido la humanidad. Ante esto, la justicia de ellos es una farsa. La libertad de nuestro líder vendrá de la mano de la alianza estratégica con las potencias soberanas, de la astucia en el juego político y, fundamentalmente, de la presión constante de los pueblos del mundo que aman su libertad.
Para terminar, cito unos versos de Alí Primera, de “Canción mansa para un pueblo bravo” (1976):
A veces pienso que todo el pueblo
Es un muchacho que va corriendo
Tras la esperanza que se le va
La sangre joven y al sueño viejo
Pero dejando de ser pendejo
Esa esperanza será verdad (…)
Que al chivo manso siempre lo arrean
Y eso no pasa si es montaraz