sábado, 7 de noviembre de 2026

El corralito de Paraguay, Argentina y Venezuela

Omar Gómez

La historia de nuestra América Latina está llena de coincidencias en donde es constantemente saqueada por las élites financieras subordinadas a los intereses imperialistas de Washington. Pero no son coincidencias. Lo que estamos presenciando hoy en Paraguay, por ejemplo, no es un hecho aislado o un simple "accidente económico"; es la repetición exacta del guión capitalista y neoliberal que desangró a Venezuela en 1994 y que asfixió a la Argentina a principios de los años 2000. El modus operandi de la oligarquía y sus amos del Norte es siempre el mismo: privatizar las jugosas ganancias para la burguesía apátrida y socializar las pérdidas para que las pague el pueblo.

Para entender a fondo el colapso paraguayo, debemos mirar nuestra propia memoria histórica. En el año 1994, bajo el gobierno de Rafael Caldera (quien venía de recibir el mandato ese mismo año de manos de Ramón J. Velásquez y este del destituido Carlos Andrés Pérez), Venezuela sufrió una de las mayores estafas perpetradas contra su población. Todo comenzó con el descalabro del Banco Latino y el Grupo Latinoamericana Progreso, una chispa que encendió un polvorín. La crisis se extendió como pólvora, devorando rápidamente al resto del sistema bancario: Banco Progreso (anteriormente Banco Zulia), Banco Principal (antes Banco Principal de los Llanos), Banco Ítalo-Venezolano, Banco Profesional, Banco Amazonas (antes Banco Insular), Bancor, Banco Barinas, Banco La Guaira (antes Banco La Guaira Internacional), Banco de Maracaibo, Banco Metropolitano, Banco Construcción (antes de la Construcción y de Oriente), y las Sociedades Financieras Fiveca, Confinanzas y Cremerca.

¿Quiénes movían los hilos de esta arquitectura del saqueo? Luego de la victoria de Carlos Andrés Pérez en 1988, y la imposición de su paquetazo dictado desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), se nombró a Pedro Tinoco como presidente del Banco Central de Venezuela. Zamuro cuidando carne, se decía en las calles de Caracas. Tinoco era uno de los principales accionistas del Banco Latino. Aunque no pudo ver la explosión final de la crisis porque falleció en 1993, su gestión consolidó lo que era público y notorio: la estrecha y obscena relación entre el Gobierno y ese grupo bancario oligarca. Por el BCV desfilaron tecnócratas como Miguel Rodríguez (quien asumió brevemente en 1992), Ruth de Krivoy, y posteriormente Antonio Casas González (1994-2000) que se dedicaron a estabilizar la crisis endeudándonos.

Las consecuencias de esta debacle planificada las pagó el pueblo venezolano, que perdió sus ahorros de toda la vida, mientras el gobierno auxiliaba generosamente a los banqueros prófugos. Venezuela se endeudó con los organismos internacionales para pagarle a estos banqueros. Pero este libreto de saqueo no se limitó a nuestras fronteras; las garras del imperio volvieron a clavarse en el sur pocos años después.

A principios de la década de los 2000, vimos al FMI y a Washington destrozar a la Argentina con el infame "Corralito". Bajo un gobierno arrodillado ante el capital extranjero, se congelaron los depósitos bancarios de millones de trabajadores. Mientras la burguesía, los grandes banqueros y las transnacionales fugaban sus dólares al exterior con total impunidad y con la complicidad del Estado, el pueblo argentino quedó atrapado, sin poder acceder al dinero de sus propios salarios, viendo cómo el fruto de su trabajo era confiscado para salvar a la banca. La receta capitalista fue la misma: estrangular al trabajador, confiscar sus ahorros y garantizar que los dueños del capital salieran ilesos.

¿A qué viene esta historia? A la indignante realidad que hoy, en pleno 2026, golpea al pueblo de Paraguay. El ciclo se repite con precisión milimétrica tras el colapso del Ueno Bank. El presidente de la República, quien era accionista y cuyo Gobierno mantenía estrechos vínculos con esta entidad bancaria, se vio acorralado. La crisis estalló, millones de ahorristas quedaron a punto de perder su dinero, y la farsa se derrumbó: el presidente tuvo que presentar su renuncia y hoy se encuentra bajo arresto en medio del estallido financiero. Una vez más, la primera acción del sistema es blindar los intereses de la casta financiera, intentar salvar a los banqueros y dejar en la calle a los trabajadores. Detrás de estas políticas de "rescate" siempre está la mano del imperialismo, asegurando que el capital transnacional no pierda su control sobre nuestra región.

Se sabe que la indignación popular y la crisis de ese sistema corrupto del 94 ayudaron a que, junto con las acciones del golpe del 4F, se constituyeran en el motor histórico que ayudó a que ganara el Comandante Hugo Chávez en 1998, fortaleciendo la conciencia de una patria que decidió ser libre y soberana. En Argentina, el corralito generó un estallido social que derrocó gobiernos y cambió el rumbo político del país. Hoy, con los paraguayos en las calles y sus ahorros secuestrados por los banqueros de turno, la historia nos obliga a lanzar al aire la pregunta definitiva: ¿Qué pasará en Paraguay? ¿Será esta nueva estafa capitalista la chispa que despierte la revolución y rompa definitivamente las cadenas del imperialismo en el sur?

¡Venceremos!

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Venezuela post terremoto

Omar Gómez

Tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026, el panorama nacional ha entrado en una fase crítica donde la tragedia natural se entrelaza con la agresión geopolítica. A pesar de haber elevado la producción petrolera por encima de los 1,2 millones de barriles diarios, colocados bajo la órbita de licencias tuteladas por los gringos y su pedófilo conductor, el cerco económico persiste sin tregua. Este incremento volumétrico no se traduce en alivio directo para el pueblo: la divisa se ha disparado a más del doble tras el secuestro del Presidente Nicolás Maduro, demostrando que la asfixia monetaria e inflacionaria sigue siendo el instrumento predilecto de la guerra híbrida contra nuestra soberanía.

En este escenario, el Gobierno Bolivariano ha priorizado la preservación de la paz nacional. Se trata de una decisión táctica y dolorosa, que ha obligado a asumir tragos amargos frente a la diplomacia hegemónica: la reapertura de la embajada estadounidense, la visita de operadores del Pentágono y la CIA, e incluso el restablecimiento de lazos consulares con la entidad sionista de Israel, rompiendo con una histórica línea de solidaridad inquebrantable con el hermano y heroico pueblo de Palestina.

Frente a la emergencia, el Estado ha respondido con premura mediante instrumentos como la Ley de Promoción y Protección de la Construcción de Viviendas, articulando la atención a los damnificados junto a la cooperación internacional. Sin embargo, no hay ingenuidad revolucionaria: los recursos ofrecidos por los gringos y la entidad sionista no representan filantropía, sino dádivas envenenadas dentro de un esquema de extorsión. Operamos bajo la lógica del secuestro; ante la ausencia de una justicia internacional imparcial y con una tímida respuesta de nuestros aliados estratégicos, el Estado cede temporalmente para salvaguardar la vida y el orden interno.

El cinismo imperial es evidente: los gringos anuncian 300 millones de dólares en "asistencia", mientras retiene miles de millones de nuestras reservas en el FMI y cuentas soberanas. Gran Bretaña envía rescatistas mientras mantiene retenido el oro de la República en las bóvedas del Banco de Inglaterra. Son gestos de propaganda diseñados para encubrir el despojo sistemático de los recursos del pueblo venezolano.

En el plano político, la mesa de negociación instalada a finales de julio —tutelada por Washington y secundada por la Unión Europea— busca imponer una transición institucional bajo el pretexto del cronograma electoral y la administración condicionada de nuestros propios fondos secuestrados. Encabezada la delegación patriota por Jorge Rodríguez, se enfrenta al sector entreguista representado por Dinorah Figuera, mientras la ultraderecha apátrida (con la Sayo a la cabeza) desconoce el proceso únicamente por frustraciones de liderazgo personal.

A pesar de las concesiones forzadas por la coyuntura, las más de 1.080 Medidas Coercitivas Unilaterales siguen intactas. Buques, aeronaves, empresas públicas y transacciones financieras continúan bloqueadas, privándonos incluso del derecho a voto en la ONU por el impedimento forzoso de honrar las cuotas de membresía.

No obstante, la vocación de paz no es rendición. El pueblo bolivariano resiste en tensa calma, reorganizándose desde las bases en cada consulta popular, asamblea comunal y debate del Poder Popular. En las venas de esta Patria corre la sangre emancipadora de nuestros Próceres con Bolívar a la cabeza. No habrá chantaje capaz de quebrar la determinación revolucionaria ni de borrar el socialismo que día a día construimos. Llegará el momento de las definiciones estratégicas y la contraofensiva popular.

¡¡ Venceremos !!

 

jueves, 2 de julio de 2026

El Terremoto y las ayudas


 

Omar Gómez

El terremoto del pasado 24 de junio no solo sacudió la tierra; también desató demonios imperiales e internos, tan crueles y mezquinos como el propio fenómeno natural.

La tragedia sorprendió a un pueblo inicialmente desconcertado, que en los primeros minutos buscaba con angustia cómo protegerse o a dónde acudir. El colapso temporal de la electricidad y las telecomunicaciones, sumado a la falta de información precisa, dificultó la activación inmediata de los protocolos de emergencia, salvo contadas excepciones. No obstante, a los pocos minutos, las autoridades nacionales se pronunciaron con firmeza, dictando las primeras líneas de acción. Pero mientras el país asimilaba la magnitud del desastre, no tardaron en aparecer quienes pretendieron sacar ventaja de la desgracia. Y no me refiero a los pequeños focos de saqueos en algunos comercios, sino a los sectores de la derecha que apuntaron a lo más alto.

De inmediato surgieron cientos de grupos con la supuesta intención de colaborar: algunos movidos por una solidaridad real, pero otros impulsados por la mezquina sed de protagonismo político. Horas más tarde, a medida que el Gobierno Bolivariano restituía paulatinamente los servicios básicos, entró en escena el actor principal de la manipulación: las corporaciones de las redes sociales.

En estas plataformas digitales se desató una batalla comunicacional descomunal, desproporcionada y violenta contra la verdad y el sentido común. Se intentó invisibilizar el heroico esfuerzo de las autoridades nacionales, de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), de los bomberos y de los equipos de Protección Civil. Los algoritmos de las transnacionales tecnológicas operaron de forma planificada para imponer un relato único, posicionando la matriz de opinión de que el Gobierno Revolucionario permanecía de brazos cruzados.

Con total impudicia, magnificaron las malas praxis de unas pocas «manzanas podridas» dentro de los cuerpos de seguridad, silenciando deliberadamente las medidas drásticas y judiciales que el Estado tomó de inmediato contra esos funcionarios corruptos.

La canalla mediática afirmó que las estructuras colapsadas pertenecían a la Gran Misión Vivienda Venezuela, achacando el desastre a una supuesta incompetencia del chavismo en los estándares de construcción. Ocultaron con descaro que los edificios desplomados en Caracas eran de data e inversión estrictamente privada, y que el impacto en La Guaira afectó por igual a estructuras públicas y privadas.

Con la llegada de la asistencia internacional, el guión imperialista mutó hacia una nueva narrativa: acusaron a nuestros cuerpos de seguridad de bloquear el acceso humanitario, sabotear las labores de rescate y enfrentarse a los brigadistas. Engrandecieron el arribo de la supuesta «ayuda» estadounidense mientras minimizaban el apoyo histórico, solidario y profundamente humanista del hermano pueblo de Cuba.

La gravedad de la coyuntura ha llevado a la aceptación de asistencia por parte del imperio norteamericano y del régimen sionista. Resulta paradójico recibir insumos de los mismos sectores gringos que agreden criminalmente nuestra economía y pretenden secuestrar la soberanía de nuestras instituciones; o de la entidad sionista de Israhell, responsable del genocidio, la masacre y el exterminio del heroico pueblo palestino.

Es imperativo recordar que ante la tragedia de la vaguada de Vargas en 1999, el Comandante Hugo Chávez rechazó con dignidad la supuesta ayuda humanitaria de las tropas gringas. Hoy, la aceptación de este apoyo responde a una compleja estrategia del Alto Gobierno, desarrollada bajo un escenario de asedio, bloqueo financiero y chantaje permanente de Washington contra la patria.

Más allá de la incómoda presencia estadounidense y de la repugnante participación del sionismo en suelo patrio, la actuación del Gobierno Bolivariano ha estado a la altura del compromiso histórico. Todos los organismos de seguridad, salvamento y protección social se han volcado por completo a la atención de las víctimas, desplegándose en cada rincón del territorio nacional. Se ha garantizado la protección de la comunidad estudiantil y se han habilitado refugios dignos con atención médica integral y apoyo social directo. Además de esto, la participación del Poder Popular, de los voluntarios y en general del pueblo venezolano ha sido decisiva. Los llamados influencers, fichas del juego mediático internacional, han quedado al descubierto, en sus mentiras y en la manipulación de la realidad.

Venezuela agradece la solidaridad internacional desinteresada, legítima y respetuosa de nuestra soberanía. Pero no entiende las de los ingleses, quienes pretenden posar de benefactores cuando lo único moralmente aceptable que deberían hacer es devolver el oro venezolano que mantienen secuestrado en sus bancos. Con nuestros propios recursos secuestrados, tendríamos más que suficiente para atender plenamente a las familias damnificadas.

El pueblo venezolano está hecho de la madera invencible de los Libertadores. Nos repondremos con dignidad de esta adversidad y, con la frente en alto, seguiremos firmes en la vanguardia, construyendo nuestro futuro de Patria Libre y Soberana.

domingo, 7 de junio de 2026

El Congreso de Panamá frente al Fascismo

 

Omar Gómez

En el mes de junio pero de 1826, hace doscientos años, se inició el Congreso Anfictiónico de Panamá, obra ilustre e inmortal del Libertador Simón Bolívar y convocado para construir la unidad de las repúblicas nacientes, luego de la derrota del Imperio Español. Bolívar sabía que la derrota de ese Imperio, no era garantía para la paz de nuestras naciones, era necesaria la unidad, la solidaridad y la colaboración entre nuestros pueblos frente a las pretensiones estadounidenses que se vislumbraban como sustitutos de los españoles y cuya voracidad ya nos agredía. El Congreso de Panamá también era una respuesta a la doctrina Monroe.

Actualmente, al conmemorarse el Bicentenario de aquella gesta bolivariana, el llamado a la unión de los pueblos se constituye en una estrategia de supervivencia planetaria.

El visión del Libertador Simón Bolívar sigue vigente. La desconexión de las fuerzas progresistas y soberanas abre el camino para que el imperialismo redefina sus mecanismos de control. En este contexto, el bravo pueblo venezolano se mantiene como el epicentro de una resistencia que conecta la doctrina bolivariana con las exigencias de un siglo XXI en plena disputa geopolítica.

El escenario global actual muestra las señales de la decadencia imperial que, al verse despojado de su control unipolar, recurre a sus herramientas más violentas: el fascismo y el nazismo. El crecimiento de opciones de ultra derecha en Europa, América Latina y EE.UU. no son un fenómeno aislado, sino la respuesta del capital transnacional para frenar el avance de la soberanía de los pueblos.

El fascismo es el capitalismo en su fase de desesperación extrema. El nazismo es el mismo fascismo extremo y perverso.

El resurgimiento del fascismo se evidencia en escenarios tales como el crecimiento de las opciones claramente fascistas en países como Perú, Colombia, Chile. También en el crecimiento de opciones nazis en Ucrania, Alemania y Francia. También se evidencia en el silencio y total impunidad con que ocurre el genocidio de Palestina, las agresiones al Líbano, Yemen, Siria y la complacencia ante los crímenes del Gobierno Sionista de Israel. La ironía de la vida es ver como los Sionistas se vuelven cada día más nazis.

Solamente el Gobierno de Rusia está luchando contra el nazismo. Esto se evidencia en Ucrania. Es una lucha por erradicar el nazismo y el fascismo, lo cual se traduce en una lucha por la humanidad. Es una lucha de un Gobierno de derecha contra el nazismo, que evidencia que este último no es ideología sino una opción criminal que debe ser erradicada del mundo.

Volviendo a Bolívar, su pensamiento integracionista ha ido permaneciendo en el tiempo, con una vigencia histórica impresionante. Ante las divisiones y fragmentaciones que impone el capitalismo, la respuesta histórica de líderes como Hugo Chávez y Fidel Castro, ha sido transformar y llevar a la práctica la solidaridad y la integración. Ellos comprendieron que la solidaridad no es caridad, sino una acción política concreta de clase: el internacionalismo de los pueblos.

A través de mecanismos inéditos de integración como el ALBA-TCP, Petrocaribe y la CELAC, Chávez y Fidel demostraron que las relaciones internacionales pueden basarse en la complementariedad y no en la competencia usurera. Su estrategia consistió en romper el aislamiento diplomático y construir un bloque histórico capaz de plantarle cara a las sanciones y los bloqueos económicos, devolviendo a los pueblos el protagonismo de su propio destino.

A pesar de los profundos retrocesos, el mundo del 2026 ya no se rige por los dictámenes exclusivos de Washington o Bruselas. El surgimiento de un nuevo orden multipolar es una realidad irreversible, motorizada por la consolidación de bloques como los BRICS y el fortalecimiento de las alianzas Sur-Sur.

La reciente e importante visita estratégica de la Presidenta (E) Delcy Rodríguez a la India es un ejemplo concreto de esta dinámica. Este acercamiento con una de las economías más pujantes del planeta no solo diversifica la agenda comercial y energética de Venezuela en áreas clave como el petróleo y la tecnología, sino que consolida el papel de la nación en la arquitectura financiera del nuevo mundo. A pesar de tener la bota imperial sobre el cuello de nuestra República, a pesar de tener a nuestro Presidente secuestrado, Venezuela sigue empecinada en construir la unidad de los pueblos y contribuir en la paz mundial. Las alianzas Sur-Sur ya no son proyectos teóricos; son acuerdos tangibles que quiebran la arquitectura punitiva de las medidas coercitivas unilaterales.

A dos siglos del Congreso de Panamá, la disyuntiva sigue siendo la misma que planteaba el Libertador, reformulada por el Socialismo del Siglo XXI: patria o colonia, socialismo o barbarie.

 

¡Viva el Congreso Anfictiónico de Panamá!

¡Fuera el monroísmo!