sábado, 11 de abril de 2026

Una agresión nuclear en la mira

 

Omar Gómez

El pasado martes 7 de abril, el orate de la Casa Blanca descargó una ráfaga de amenazas que exponen la naturaleza genocida del norte: “Toda una civilización morirá esta noche, para no volver más”. Ante tal barbarie, el mundo contuvo el aliento frente a la posibilidad de un holocausto nuclear, única vía para cumplir la promesa de borrar pueblos enteros de la faz de la tierra.

Esta amenaza no es un delirio aislado por dos razones fundamentales: El precedente histórico: Estados Unidos es la única nación que ha descargado el horror atómico sobre poblaciones civiles (Hiroshima y Nagasaki) y La irracionalidad del mando: El dedo sobre el botón nuclear pertenece a un liderazgo desequilibrado que desprecia la vida humana.

Para el imperialismo, el uso de armamento nuclear es una opción real bajo la premisa de la impunidad total. Su lógica es cínica: “Lanzamos la bomba, ¿y qué?”. Esta frase no es nueva; es el mismo eco terrorista de quienes hicieron estallar el avión de Cubana de Aviación en 1976, asesinando a todo el equipo de esgrima de Cuba, otros deportistas, la tripulación y a civiles inocentes (se puede leer el libro “Pusimos la bomba ¿y qué? ” de la periodista Alicia Herrera en el siguiente link de la editorial El Perro y la Rana: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2021/11/Pusimos_la_bomba_y_qu%C3%A9.pdf)

La historia de los EE. UU. es la historia del atropello: secuestro de presidentes, golpes de estado y genocidios sistemáticos. Todo esto ocurre ante la mirada complaciente de organismos internacionales que, lejos de frenar a la bestia, se limitan a condenas tibias y burocráticas.

Lo asombroso de la jornada del martes fue el repliegue humillante del cómplice de Epstein. En cuestión de minutos, el discurso bélico se transformó en la aceptación de un plan de paz propuesto por la República Islámica de Irán. Los diez puntos publicados no son más que un acta de rendición para el Imperio, que desde el miércoles proyecta ante el mundo la imagen de una potencia derrotada buscando una salida honrosa.

Mientras tanto, la entidad sionista —brazo ejecutor del imperialismo en la región— persiste en su agresión contra el Líbano. Ante esto, la respuesta soberana de Irán ha sido firme: la agresión al pueblo libanés es una continuación de la guerra y, por lo tanto, el Estrecho de Ormuz permanecerá cerrado. La paz sigue bajo amenaza por la voracidad criminal de Netanyahu.

A los pocos días, el guión ha vuelto a cambiar. El Imperio retoma el tono de soberbia, lanza nuevos ultimátums y amenaza nuevamente con la destrucción de Irán. Queda claro que estamos ante los estertores de un sistema que, en su desesperación por no perder la hegemonía, recurre al chantaje eterno. ¿Será más de lo mismo?

¡¡ Venceremos !!

sábado, 4 de abril de 2026

Un balance a tres meses del secuestro de Maduro

 

Omar Gómez

Han transcurrido ya tres meses desde el cruento secuestro de nuestro Presidente. Es un momento propicio para realizar un balance de la situación. Tras aquella sangrienta agresión imperialista, los días han demostrado que el pueblo no se quedó de brazos cruzados, pese a las burlas de los voceros de la derecha apátrida y las infamias proferidas por el pedófilo y genocida que hoy manda en la Casa Blanca.

La agresión no fue menor: destinaron más de 150 aeronaves equipadas con tecnología de punta para cegar nuestros radares e intentar invisibilizar la invasión. Ante un despliegue militar abrumador, lo ocurrido no puede calificarse como una simple "extracción": fue una batalla desigual donde la sorpresa y la superioridad tecnológica se impusieron sobre nuestra resistencia, dejando un saldo heroico de más de cien mártires que ofrendaron su vida por la Patria.

Pese al ataque, la institucionalidad venezolana demostró una solidez inquebrantable. La consulta inmediata a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) permitió preservar el hilo democrático y la paz social. Quienes soñaron con el colapso de la Revolución Bolivariana quedaron perplejos ante la capacidad de recuperación inmediata de nuestras instituciones y la continuidad de la vida republicana.

Sin embargo, no podemos pecar de ingenuos: no hemos retornado a una normalidad. Por el contrario, sufrimos hoy la presión de la bota imperial pretendiendo humillarnos e imponernos decisiones soberanas que, en condiciones distintas, jamás aceptaríamos. A este escenario se suma una lección geopolítica amarga, estar solos a nivel internacional, pues nuestros aliados internacionales se limitaron a emitir tibias condenas diplomáticas ante la invasión perpetrada contra nuestra Patria.

En este trimestre, hemos visto cómo la economía se abre a capitales estadounidenses mientras nuestros aliados históricos permanecen en la incertidumbre. Esta coyuntura ha limitado nuestra solidaridad activa con pueblos hermanos como Irán y Cuba, víctimas también de la agresión imperialista más descarada. Todo esto ocurre bajo el silencio cómplice de organismos internacionales como la ONU, institución que enmudeció frente al secuestro de nuestro Presidente.

Los cambios de Gabinete y la ley de amnistía fueron, para muchos, indicios de un cambio profundo, sin embargo, ignoran que en el primer caso, estos procesos son parte de la continuidad natural de los cambios que siempre se dan en el alto gobierno, y en el segundo caso, la amnistía estaba planificada desde el mes de diciembre.

La ultraderecha interna y los sectores recalcitrantes del fascismo mundial esperaban que Venezuela se sumiera en el caos para justificar un derrocamiento. Se equivocaron. El país se mantuvo en calma, el pueblo siguió trabajando y, como muestra de vigor democrático, se celebró con éxito la Primera Consulta Nacional de Proyectos, un hito de democracia participativa que los medios hegemónicos pretendieron invisibilizar.

A pesar de hechos que generan legítima preocupación —como el restablecimiento de relaciones con nuestros agresores, la reapertura de la embajada gringa o las visitas de altos mandos de la CIA y el Comando Sur—, la Revolución Bolivariana exhibe logros políticos importantes en estos 90 días: La preservación de la paz nacional, evitando la guerra civil que el fascismo vaticinó, el desarrollo indetenible del Poder Popular, reforzando la organización de base y la participación en los proyectos comunales a nivel nacional, y por último el protagonismo en el Diálogo Sur-Sur, destacando nuestra participación en el I Foro de Alto Nivel entre la CELAC y la Unión Africana.

Es con la organización del pueblo, a nivel nacional e internacional, que se podrá enfrentar y derrocar al Imperio más poderoso, más asesino, más corrupto y más despiadado que ha tenido la humanidad.

¡Venceremos!