domingo, 31 de mayo de 2026

Capitalismo: la Lógica del Absurdo

 

Omar Gómez

El pasado sábado 30 de mayo, el régimen nazi de Kíev atacó con un dron la central nuclear de Zaporozhie, la más grande de Europa. Si la criminal intención del imperio y sus lacayos es provocar una explosión para generar un incidente nuclear de magnitudes catastróficas, cabe preguntarse: ¿quién se vería más afectado? Por razones geográficas y científicas elementales, las principales víctimas serían los propios ucranianos. La acción carece de toda lógica constructiva: de llegarse a formar una nube radiactiva, los vientos la arrastrarían hacia el occidente de Europa y no hacia el territorio de la Federación de Rusia. Es la sinrazón destructiva en su máxima expresión.

En el golfo Pérsico, el imperialismo estadounidense insiste en mantener su asedio contra la República Islámica de Irán. Pretenden simular un bloqueo ficticio en el estrecho de Ormuz, intentando venderle al mundo la ilusión de que son ellos quienes dominan los accesos marítimos globales. Aunque esta supuesta hegemonía es falsa, la narrativa del pedófilo de la Casa Blanca justifica este atropello bajo la premisa de ahogar la economía iraní para que ceda a sus pretensiones. Sin embargo, la realidad geopolítica les ha propinado un duro revés: la agresión económica se transformó en un disparo en su propio pie, elevando los precios mundiales del petróleo y los fertilizantes. No han podido, ni podrán jamás, doblegar la dignidad histórica de Irán.

La mentira es el instrumento predilecto de la agresión gringa. Lo vivimos el pasado 3 de enero, cuando en un asalto flagrante contra nuestra soberanía territorial, el régimen estadounidense perpetró, previa masacre previa, el secuestro de nuestro Presidente, bajo la ridícula falacia de capturar al supuesto líder del inventado "Cártel de los Soles". El absurdo imperial quedó al desnudo apenas tres días después, cuando el propio Departamento de Justicia de los Estados Unidos tuvo que reconocer que tal cartel no existía.

Esta farsa criminal calca el guion ensayado en Irak, donde declararon una guerra genocida con la supuesta intención de eliminar las armas de destrucción masiva; un millón de muertos después, admitieron con total descaro que dichas armas jamás existieron. Hoy, la figura de nuestro mandatario secuestrado se erige ante los ojos del mundo como la prueba viviente de las contradicciones flagrantes del imperio. Lejos de debilitarnos, la prepotencia de Washington los ha colocado en una encrucijada donde ellos mismos son los más perjudicados por este crimen internacional.

Dentro de esta lógica del absurdo, las contradicciones del imperialismo se profundizan a escala global. En su obsesión por asfixiar económicamente a los pueblos que se niegan a arrodillarse ante los dictámenes del orate de Washington, el imperio ha convertido las medidas coercitivas unilaterales y el bloqueo financiero en sus armas de guerra predilectas. Al congelar activos, robar el oro soberano y bloquear el uso del sistema SWIFT a potencias como Rusia e Irán, así como a naciones de vanguardia digna como Venezuela y Cuba, creyeron que quebrarían la moral de nuestros pueblos. El tiro les salió por la culata: al utilizar el dólar como un garrote geopolítico, la Casa Blanca dinamitó la confianza en su propio entramado financiero. ¿El resultado? Han acelerado de forma irreversible el proceso de desdolarización global. Hoy, el Sur Global avanza con paso firme comerciando en sus propias monedas locales, mientras los BRICS se consolidan como el nuevo y verdadero motor económico del planeta. El imperio, en su afán de aislar al mundo, terminó cercándose a sí mismo y cavando la fosa de su hegemonía monetaria.

En la supuesta "guerra contra las drogas", el cinismo imperial alcanza niveles aberrantes. El bombardeo y la persecución de modestos pescadores en alta mar, bajo la excusa de capturar cargamentos, solo se ha traducido en una condena internacional ante tales asesinatos sin juicio previo. Mientras el imperio monta este teatro mediático en el exterior, las calles norteamericanas implosionan ante una epidemia devastadora de fentanilo y opioides sintéticos que destruye a su juventud desde adentro. Los Estados Unidos son una sociedad atrapada por el consumo, donde operan carteles internos mucho más poderosos y tecnificados que cualquiera en el resto del mundo, con ramificaciones directas en Europa. Bombardear lanchas de pescadores en el Caribe en nada afecta un negocio multimillonario que se mueve a través de sus propios puertos de entrada legales.

Finalmente, en su desesperado intento por frenar el avance económico y tecnológico de Rusia, la administración de la Casa Blanca obligó a sus vasallos de la Unión Europea a plegarse a las sanciones y a cortar el suministro de gas ruso, una energía barata y segura que servía de motor a la industria occidental. El imperio incluso celebró en silencio el sabotaje terrorista al gasoducto Nord Stream, aplaudiendo la supuesta "liberación" energética de Europa. Una vez más, el absurdo se hizo presente: Europa pasó de la estabilidad a la ruina, obligada ahora a comprarle gas licuado a los propios Estados Unidos a un precio hasta cuatro veces mayor. La inflación cabalga con furia, las industrias europeas quiebran o se mudan a suelo estadounidense para sobrevivir, y el descontento social ruge en las capitales del viejo continente. En su afán por dañar a Rusia, el imperio terminó devorando económicamente a sus propios aliados, demostrando una máxima de la geopolítica: ser aliado de Washington es tan peligroso como ser su enemigo.

En conclusión, el capitalismo lleva en sus entrañas el germen de su propia destrucción. Sin embargo, los pueblos del mundo no podemos sentarnos a esperar pacientemente su colapso, porque en su frenética caída, el imperio arrasaría con toda la vida en el planeta. Como nos enseñó el Comandante Chávez, la consigna es de vida o muerte: es una urgencia histórica derrotar al capitalismo antes de que este termine por destruir a la humanidad entera.

¡¡ VENCEREMOS !!

lunes, 25 de mayo de 2026

La indignación como elemento de lucha

Omar Gómez

El pasado 23 de mayo, la Patria enfrentó un episodio que despierta la más profunda indignación popular; una afrenta directa al bravo pueblo de Venezuela y a los sublimes ideales de la soberanía bolivariana que nos cohesionan como nación. Más que una humillación, fue una provocación descarada contra nuestra dignidad histórica.

En esa nefasta jornada, nuestro sagrado espacio aéreo fue nuevamente mancillado por las aeronaves de guerra del imperialismo estadounidense. Con la arrogancia que caracteriza a las potencias decadentes, irrumpieron en los cielos de Caracas. Frente a este deplorable espectáculo de intimidación, donde la Casa Blanca nos amenaza con la bota imperial y el dedo sobre el gatillo, el pueblo venezolano, lejos de paralizarse, observa, analiza y acumula fuerzas. La paciencia estratégica no es sumisión; es la madurez de una revolución asediada.

Sentir la presencia de quienes han orquestado el secuestro de nuestro liderazgo legítimo y financiado el asesinato de las decenas de compatriotas y mártires que opusieron una heroica resistencia, desgarra el alma nacional. Ver la maquinaria bélica de estos genocidas surcando el horizonte de la cuna de Bolívar, constituye un golpe a la memoria de nuestros caídos. No es fácil contener el fervor patriótico ante tamaña afrenta, pero el silencio táctico de hoy es la garantía de la victoria del mañana.

Como herederos de la gloria de los Libertadores, comprendemos que transitamos una fase de resistencia activa, enraizada en la doctrina defensiva de todo el pueblo. La asimetría militar actual frente a la principal potencia hegemónica no se traduce jamás en sumisión ciega o claudicación; por el contrario, nos exige agudizar la conciencia de clase e identificar con total claridad a nuestro enemigo histórico. Es la hora de la diplomacia de los pueblos, de tejer la unidad internacional antiimperialista y de consolidar un mundo multicéntrico y pluripolar.

Resulta urgente sumar voluntades a escala global para desnudar la verdadera faz del imperio más cruel, depredador y devastador que ha conocido la historia de la humanidad. Debemos llevar un mensaje irrefutable a cada rincón del mundo: el modelo de dominación y la voracidad de Washington constituyen la mayor amenaza, no solo para los proyectos de emancipación, sino para la continuidad de la vida misma en el planeta. Derrotaremos al pedófilo de la Casa Blanca y a su maquinaria de crímenes y maldad.

Que esta justa indignación se transforme en combustible inagotable para la organización popular y la trinchera de ideas. Convertiremos esta agresión en un poderoso instrumento de lucha, de denuncia sistemática y, en última instancia, en el camino hacia la derrota definitiva del imperialismo.

 

¡Independencia y Patria Socialista!

 


domingo, 17 de mayo de 2026

Reescribir la Historia: Estado 51

Omar Gómez

La pretensión de convertir a la República Bolivariana de Venezuela en el "Estado 51" de los Estados Unidos no es un exabrupto reciente; es una matriz colonial de vieja data arraigada en la médula de quienes defienden la anacrónica Doctrina Monroe. El pasado 17 de marzo, coincidiendo paradójicamente con la victoria de la selección venezolana sobre el equipo estadounidense en el Mundial de Béisbol, el pedófilo de la Casa Blanca ya lanzaba su agresión discursiva al afirmar de manera cínica: “¡Están pasando cosas buenas en Venezuela últimamente! Me pregunto de qué se trata esta magia. ¿Alguien concuerda en que se convierta en el Estado número 51?”. Lejos de retractarse, tras la derrota deportiva de su país, el orate imperial volvió a ratificar su postura.

Casi dos meses después, la maquinaria de propaganda gringa vuelve a la carga con una provocación explícita: la publicación de un mapa mocho de nuestro territorio nacional —en el que se consuma el despojo criminal de nuestra Guayana Esequiba—, superpuesto a la bandera estadounidense bajo el título “51st State”. Esta iconografía no es un error de diseño; es una declaración de guerra geopolítica y simbólica.

Las reacciones populares e internacionales no se hicieron esperar. La gran mayoría del pueblo venezolano y de la Patria Grande latinoamericana ha rechazado categóricamente esta infamia. En el seno de los pueblos se mantiene el deseo de libertad, inculcado por nuestros próceres, que se niega a ceder ante el entreguismo neocolonial. No obstante, la provocación también sirvió para desnudar a las minorías apátridas: un reducto de "malinches", racistas y arrastrados que, en su delirio alienado, salieron a aplaudir el ultraje, imaginando un mundo sin visas y añorando una supuesta "mejoría de la raza"  al cruzarse con los catiritos gringos.

La reacción oficial, aunque tibia, también fue claramente de rechazo y la respuesta institucional de la región, aunque en algunos casos timorata, coincidió en el rechazo. Voces de la diplomacia latinoamericana, como la del presidente colombiano Gustavo Petro, fueron enfáticas al repudiar semejante barbaridad jurídica e histórica.

Ante esto, cabe preguntarse: ¿Por qué el imperio insiste en una idea tan descabellada que carece del más mínimo asidero en la voluntad del pueblo venezolano? ¿Se trata de un simple globo de ensayo o de una amenaza velada? Más allá de la provocación discursiva, estamos ante una estrategia de guerra cultural que busca reescribir la Historia para habituar a la opinión pública global a la aceptación sumisa de los designios imperiales y las anexiones forzosas.

Este atropello coincide “casualmente” con el inicio del Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, aquella ambiciosa asamblea de naciones realizada en los meses de junio y julio de 1826 por el genio supremo de nuestro Libertador Simón Bolívar, con el fin de consolidar una patria continental, unida y soberana. Aquel proyecto de integración emancipadora fue torpedeado y saboteado activamente por la incipiente diplomacia estadounidense, que recién estrenaba la Doctrina Monroe de "América para los americanos" (del norte), contando además con la traición interna, encabezada por el entreguista y corrupto Santander.

Hoy, doscientos años después, la conmemoración de este hito sufre de la indiferencia programada del gobierno gringo, e incluso del desinterés del propio gobierno panameño, que alberga el evento histórico. Esta desmemoria institucionalizada ya la presenciamos con el Bicentenario de la Batalla de Ayacucho, una gesta libertaria en donde se selló la independencia suramericana y que tuvo las mayores celebraciones en Venezuela pero que en Perú fue tan gris como la entonces “Presidenta” Dina Boluarte. En el resto del mundo la repercusión de tan magna fecha pasó por debajo de la mesa.

La estrategia de la amnesia histórica es global. Ya la vemos en la burda narrativa occidental sobre la Segunda Guerra Mundial, orientada a borrar el papel decisivo de la Unión Soviética en la derrota del fascismo (ver https://patriayautogestion.blogspot.com/2026/05/cuatro-verdades-sobre-el-dia-de-la.html). Lo vemos también en el discurso colonialista del Estado sionista de IsraHell, que pretende borrar del mapa y de la memoria colectiva al heroico pueblo de Palestina y sus más de 2.000 años de Historia.

Reescribir la Historia pasa por vaciar de contenido el pasado heroico de nuestras naciones, adormecer el legado de nuestros próceres y sumergir a las nuevas generaciones en una inmediatez banalizada por las redes sociales. Nos imponen un mundo globalizado "sin fronteras" virtuales, que en realidad solo sirve para multiplicar las miserias de las mayorías mientras concentra el poder y las riquezas en el complejo militar-industrial de unas pocas corporaciones, creando un pensamiento único y alienado. En definitiva, el intento de reescribir la Historia busca profundizar la barbarie capitalista y pavimentar el camino hacia un futuro neocolonial. Ante el intento de recolonización y la destrucción de la soberanía, la Revolución Bolivariana debe continuar la resistencia activa, profundizar la memoria histórica y la radicalizar nuestro pensamiento crítico y revolucionario.

¡¡ Venceremos!!