jueves, 2 de julio de 2026

El Terremoto y las ayudas


 

Omar Gómez

El terremoto del pasado 24 de junio no solo sacudió la tierra; también desató demonios imperiales e internos, tan crueles y mezquinos como el propio fenómeno natural.

La tragedia sorprendió a un pueblo inicialmente desconcertado, que en los primeros minutos buscaba con angustia cómo protegerse o a dónde acudir. El colapso temporal de la electricidad y las telecomunicaciones, sumado a la falta de información precisa, dificultó la activación inmediata de los protocolos de emergencia, salvo contadas excepciones. No obstante, a los pocos minutos, las autoridades nacionales se pronunciaron con firmeza, dictando las primeras líneas de acción. Pero mientras el país asimilaba la magnitud del desastre, no tardaron en aparecer quienes pretendieron sacar ventaja de la desgracia. Y no me refiero a los pequeños focos de saqueos en algunos comercios, sino a los sectores de la derecha que apuntaron a lo más alto.

De inmediato surgieron cientos de grupos con la supuesta intención de colaborar: algunos movidos por una solidaridad real, pero otros impulsados por la mezquina sed de protagonismo político. Horas más tarde, a medida que el Gobierno Bolivariano restituía paulatinamente los servicios básicos, entró en escena el actor principal de la manipulación: las corporaciones de las redes sociales.

En estas plataformas digitales se desató una batalla comunicacional descomunal, desproporcionada y violenta contra la verdad y el sentido común. Se intentó invisibilizar el heroico esfuerzo de las autoridades nacionales, de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), de los bomberos y de los equipos de Protección Civil. Los algoritmos de las transnacionales tecnológicas operaron de forma planificada para imponer un relato único, posicionando la matriz de opinión de que el Gobierno Revolucionario permanecía de brazos cruzados.

Con total impudicia, magnificaron las malas praxis de unas pocas «manzanas podridas» dentro de los cuerpos de seguridad, silenciando deliberadamente las medidas drásticas y judiciales que el Estado tomó de inmediato contra esos funcionarios corruptos.

La canalla mediática afirmó que las estructuras colapsadas pertenecían a la Gran Misión Vivienda Venezuela, achacando el desastre a una supuesta incompetencia del chavismo en los estándares de construcción. Ocultaron con descaro que los edificios desplomados en Caracas eran de data e inversión estrictamente privada, y que el impacto en La Guaira afectó por igual a estructuras públicas y privadas.

Con la llegada de la asistencia internacional, el guión imperialista mutó hacia una nueva narrativa: acusaron a nuestros cuerpos de seguridad de bloquear el acceso humanitario, sabotear las labores de rescate y enfrentarse a los brigadistas. Engrandecieron el arribo de la supuesta «ayuda» estadounidense mientras minimizaban el apoyo histórico, solidario y profundamente humanista del hermano pueblo de Cuba.

La gravedad de la coyuntura ha llevado a la aceptación de asistencia por parte del imperio norteamericano y del régimen sionista. Resulta paradójico recibir insumos de los mismos sectores gringos que agreden criminalmente nuestra economía y pretenden secuestrar la soberanía de nuestras instituciones; o de la entidad sionista de Israhell, responsable del genocidio, la masacre y el exterminio del heroico pueblo palestino.

Es imperativo recordar que ante la tragedia de la vaguada de Vargas en 1999, el Comandante Hugo Chávez rechazó con dignidad la supuesta ayuda humanitaria de las tropas gringas. Hoy, la aceptación de este apoyo responde a una compleja estrategia del Alto Gobierno, desarrollada bajo un escenario de asedio, bloqueo financiero y chantaje permanente de Washington contra la patria.

Más allá de la incómoda presencia estadounidense y de la repugnante participación del sionismo en suelo patrio, la actuación del Gobierno Bolivariano ha estado a la altura del compromiso histórico. Todos los organismos de seguridad, salvamento y protección social se han volcado por completo a la atención de las víctimas, desplegándose en cada rincón del territorio nacional. Se ha garantizado la protección de la comunidad estudiantil y se han habilitado refugios dignos con atención médica integral y apoyo social directo. Además de esto, la participación del Poder Popular, de los voluntarios y en general del pueblo venezolano ha sido decisiva. Los llamados influencers, fichas del juego mediático internacional, han quedado al descubierto, en sus mentiras y en la manipulación de la realidad.

Venezuela agradece la solidaridad internacional desinteresada, legítima y respetuosa de nuestra soberanía. Pero no entiende las de los ingleses, quienes pretenden posar de benefactores cuando lo único moralmente aceptable que deberían hacer es devolver el oro venezolano que mantienen secuestrado en sus bancos. Con nuestros propios recursos secuestrados, tendríamos más que suficiente para atender plenamente a las familias damnificadas.

El pueblo venezolano está hecho de la madera invencible de los Libertadores. Nos repondremos con dignidad de esta adversidad y, con la frente en alto, seguiremos firmes en la vanguardia, construyendo nuestro futuro de Patria Libre y Soberana.

domingo, 7 de junio de 2026

El Congreso de Panamá frente al Fascismo

 

Omar Gómez

En el mes de junio pero de 1826, hace doscientos años, se inició el Congreso Anfictiónico de Panamá, obra ilustre e inmortal del Libertador Simón Bolívar y convocado para construir la unidad de las repúblicas nacientes, luego de la derrota del Imperio Español. Bolívar sabía que la derrota de ese Imperio, no era garantía para la paz de nuestras naciones, era necesaria la unidad, la solidaridad y la colaboración entre nuestros pueblos frente a las pretensiones estadounidenses que se vislumbraban como sustitutos de los españoles y cuya voracidad ya nos agredía. El Congreso de Panamá también era una respuesta a la doctrina Monroe.

Actualmente, al conmemorarse el Bicentenario de aquella gesta bolivariana, el llamado a la unión de los pueblos se constituye en una estrategia de supervivencia planetaria.

El visión del Libertador Simón Bolívar sigue vigente. La desconexión de las fuerzas progresistas y soberanas abre el camino para que el imperialismo redefina sus mecanismos de control. En este contexto, el bravo pueblo venezolano se mantiene como el epicentro de una resistencia que conecta la doctrina bolivariana con las exigencias de un siglo XXI en plena disputa geopolítica.

El escenario global actual muestra las señales de la decadencia imperial que, al verse despojado de su control unipolar, recurre a sus herramientas más violentas: el fascismo y el nazismo. El crecimiento de opciones de ultra derecha en Europa, América Latina y EE.UU. no son un fenómeno aislado, sino la respuesta del capital transnacional para frenar el avance de la soberanía de los pueblos.

El fascismo es el capitalismo en su fase de desesperación extrema. El nazismo es el mismo fascismo extremo y perverso.

El resurgimiento del fascismo se evidencia en escenarios tales como el crecimiento de las opciones claramente fascistas en países como Perú, Colombia, Chile. También en el crecimiento de opciones nazis en Ucrania, Alemania y Francia. También se evidencia en el silencio y total impunidad con que ocurre el genocidio de Palestina, las agresiones al Líbano, Yemen, Siria y la complacencia ante los crímenes del Gobierno Sionista de Israel. La ironía de la vida es ver como los Sionistas se vuelven cada día más nazis.

Solamente el Gobierno de Rusia está luchando contra el nazismo. Esto se evidencia en Ucrania. Es una lucha por erradicar el nazismo y el fascismo, lo cual se traduce en una lucha por la humanidad. Es una lucha de un Gobierno de derecha contra el nazismo, que evidencia que este último no es ideología sino una opción criminal que debe ser erradicada del mundo.

Volviendo a Bolívar, su pensamiento integracionista ha ido permaneciendo en el tiempo, con una vigencia histórica impresionante. Ante las divisiones y fragmentaciones que impone el capitalismo, la respuesta histórica de líderes como Hugo Chávez y Fidel Castro, ha sido transformar y llevar a la práctica la solidaridad y la integración. Ellos comprendieron que la solidaridad no es caridad, sino una acción política concreta de clase: el internacionalismo de los pueblos.

A través de mecanismos inéditos de integración como el ALBA-TCP, Petrocaribe y la CELAC, Chávez y Fidel demostraron que las relaciones internacionales pueden basarse en la complementariedad y no en la competencia usurera. Su estrategia consistió en romper el aislamiento diplomático y construir un bloque histórico capaz de plantarle cara a las sanciones y los bloqueos económicos, devolviendo a los pueblos el protagonismo de su propio destino.

A pesar de los profundos retrocesos, el mundo del 2026 ya no se rige por los dictámenes exclusivos de Washington o Bruselas. El surgimiento de un nuevo orden multipolar es una realidad irreversible, motorizada por la consolidación de bloques como los BRICS y el fortalecimiento de las alianzas Sur-Sur.

La reciente e importante visita estratégica de la Presidenta (E) Delcy Rodríguez a la India es un ejemplo concreto de esta dinámica. Este acercamiento con una de las economías más pujantes del planeta no solo diversifica la agenda comercial y energética de Venezuela en áreas clave como el petróleo y la tecnología, sino que consolida el papel de la nación en la arquitectura financiera del nuevo mundo. A pesar de tener la bota imperial sobre el cuello de nuestra República, a pesar de tener a nuestro Presidente secuestrado, Venezuela sigue empecinada en construir la unidad de los pueblos y contribuir en la paz mundial. Las alianzas Sur-Sur ya no son proyectos teóricos; son acuerdos tangibles que quiebran la arquitectura punitiva de las medidas coercitivas unilaterales.

A dos siglos del Congreso de Panamá, la disyuntiva sigue siendo la misma que planteaba el Libertador, reformulada por el Socialismo del Siglo XXI: patria o colonia, socialismo o barbarie.

 

¡Viva el Congreso Anfictiónico de Panamá!

¡Fuera el monroísmo!

domingo, 31 de mayo de 2026

Capitalismo: la Lógica del Absurdo

 

Omar Gómez

El pasado sábado 30 de mayo, el régimen nazi de Kíev atacó con un dron la central nuclear de Zaporozhie, la más grande de Europa. Si la criminal intención del imperio y sus lacayos es provocar una explosión para generar un incidente nuclear de magnitudes catastróficas, cabe preguntarse: ¿quién se vería más afectado? Por razones geográficas y científicas elementales, las principales víctimas serían los propios ucranianos. La acción carece de toda lógica constructiva: de llegarse a formar una nube radiactiva, los vientos la arrastrarían hacia el occidente de Europa y no hacia el territorio de la Federación de Rusia. Es la sinrazón destructiva en su máxima expresión.

En el golfo Pérsico, el imperialismo estadounidense insiste en mantener su asedio contra la República Islámica de Irán. Pretenden simular un bloqueo ficticio en el estrecho de Ormuz, intentando venderle al mundo la ilusión de que son ellos quienes dominan los accesos marítimos globales. Aunque esta supuesta hegemonía es falsa, la narrativa del pedófilo de la Casa Blanca justifica este atropello bajo la premisa de ahogar la economía iraní para que ceda a sus pretensiones. Sin embargo, la realidad geopolítica les ha propinado un duro revés: la agresión económica se transformó en un disparo en su propio pie, elevando los precios mundiales del petróleo y los fertilizantes. No han podido, ni podrán jamás, doblegar la dignidad histórica de Irán.

La mentira es el instrumento predilecto de la agresión gringa. Lo vivimos el pasado 3 de enero, cuando en un asalto flagrante contra nuestra soberanía territorial, el régimen estadounidense perpetró, previa masacre, el secuestro de nuestro Presidente, bajo la ridícula falacia de capturar al supuesto líder del inventado "Cártel de los Soles". El absurdo imperial quedó al desnudo apenas tres días después, cuando el propio Departamento de Justicia de los Estados Unidos tuvo que reconocer que tal cartel no existía.

Esta farsa criminal calca el guion ensayado en Irak, donde declararon una guerra genocida con la supuesta intención de eliminar las armas de destrucción masiva; un millón de muertos después, admitieron con total descaro que dichas armas jamás existieron. Hoy, la figura de nuestro mandatario secuestrado se erige ante los ojos del mundo como la prueba viviente de las contradicciones flagrantes del imperio. Lejos de debilitarnos, la prepotencia de Washington los ha colocado en una encrucijada donde ellos mismos son los más perjudicados por este crimen internacional.

Dentro de esta lógica del absurdo, las contradicciones del imperialismo se profundizan a escala global. En su obsesión por asfixiar económicamente a los pueblos que se niegan a arrodillarse ante los dictámenes del orate de Washington, el imperio ha convertido las medidas coercitivas unilaterales y el bloqueo financiero en sus armas de guerra predilectas. Al congelar activos, robar el oro soberano y bloquear el uso del sistema SWIFT a potencias como Rusia e Irán, así como a naciones de vanguardia digna como Venezuela y Cuba, creyeron que quebrarían la moral de nuestros pueblos. El tiro les salió por la culata: al utilizar el dólar como un garrote geopolítico, la Casa Blanca dinamitó la confianza en su propio entramado financiero. ¿El resultado? Han acelerado de forma irreversible el proceso de desdolarización global. Hoy, el Sur Global avanza con paso firme comerciando en sus propias monedas locales, mientras los BRICS se consolidan como el nuevo y verdadero motor económico del planeta. El imperio, en su afán de aislar al mundo, terminó cercándose a sí mismo y cavando la fosa de su hegemonía monetaria.

En la supuesta "guerra contra las drogas", el cinismo imperial alcanza niveles aberrantes. El bombardeo y la persecución de modestos pescadores en alta mar, bajo la excusa de capturar cargamentos, solo se ha traducido en una condena internacional ante tales asesinatos sin juicio previo. Mientras el imperio monta este teatro mediático en el exterior, las calles norteamericanas implosionan ante una epidemia devastadora de fentanilo y opioides sintéticos que destruye a su juventud desde adentro. Los Estados Unidos son una sociedad atrapada por el consumo, donde operan carteles internos mucho más poderosos y tecnificados que cualquiera en el resto del mundo, con ramificaciones directas en Europa. Bombardear lanchas de pescadores en el Caribe en nada afecta un negocio multimillonario que se mueve a través de sus propios puertos de entrada legales.

Finalmente, en su desesperado intento por frenar el avance económico y tecnológico de Rusia, la administración de la Casa Blanca obligó a sus vasallos de la Unión Europea a plegarse a las sanciones y a cortar el suministro de gas ruso, una energía barata y segura que servía de motor a la industria occidental. El imperio incluso celebró en silencio el sabotaje terrorista al gasoducto Nord Stream, aplaudiendo la supuesta "liberación" energética de Europa. Una vez más, el absurdo se hizo presente: Europa pasó de la estabilidad a la ruina, obligada ahora a comprarle gas licuado a los propios Estados Unidos a un precio hasta cuatro veces mayor. La inflación cabalga con furia, las industrias europeas quiebran o se mudan a suelo estadounidense para sobrevivir, y el descontento social ruge en las capitales del viejo continente. En su afán por dañar a Rusia, el imperio terminó devorando económicamente a sus propios aliados, demostrando una máxima de la geopolítica: ser aliado de Washington es tan peligroso como ser su enemigo.

En conclusión, el capitalismo lleva en sus entrañas el germen de su propia destrucción. Sin embargo, los pueblos del mundo no podemos sentarnos a esperar pacientemente su colapso, porque en su frenética caída, el imperio arrasaría con toda la vida en el planeta. Como nos enseñó el Comandante Chávez, la consigna es de vida o muerte: es una urgencia histórica derrotar al capitalismo antes de que este termine por destruir a la humanidad entera.

¡¡ VENCEREMOS !!