domingo, 22 de marzo de 2026

La Cumbre Celac - África, marzo 2026

 

Omar Gómez

Entre el 18 y el 21 de marzo de 2026, la ciudad de Bogotá se convirtió en el epicentro de la esperanza para los pueblos históricamente oprimidos. El I Foro de Alto Nivel entre la CELAC y la Unión Africana no fue un evento protocolar más; fue un acto de rebeldía frente a un orden mundial que agoniza bajo el peso de su propia soberbia.

Como era de esperarse, la maquinaria de propaganda del imperialismo intentó invisibilizar este evento. Los grandes centros de poder mediático, que actúan como portavoces de las élites del Norte global, optaron por el silencio o el ataque artero. Mientras algunos mandatarios del Norte —enredados en sus propias crisis de valores y escándalos éticos— ignoraron la existencia de la cumbre, diarios coloniales como El País de España publicaron titulares despectivos que vaticinaban debilidades internas.

Este desprecio no es nuevo: es el miedo de las potencias supremacistas a ver cómo el Sur Global se reconoce a sí mismo. Frente a la voluntad de las multinacionales que imponen su ley mediante misiles, portaaviones y el chantaje financiero, hoy se levanta una muralla de dignidad birregional.

El Presidente Gustavo Petro, como anfitrión, marcó la pauta con un discurso que resonó en las venas abiertas de ambos continentes. Sus llamados a la justicia social, la cooperación real y el multilateralismo ratificaron a nuestra región como una zona de paz, en contraste con un Primer Mundo que solo exporta guerra para alimentar su complejo militar-industrial.

Al entregar la presidencia pro tempore al uruguayo Yamandú Orsi, se selló un compromiso de continuidad. La reunión de la CELAC con 19 naciones africanas fue un grito unísono contra todas las formas de dominación y neocolonialismo, contra las herencias de la esclavitud que aún condicionan nuestras economías y los bloqueos criminales que pretenden doblegar la soberanía de los pueblos.

Para la República Bolivariana de Venezuela, este foro fue una trinchera fundamental. Nuestra delegación alzó la voz para denunciar el carácter genocida de las Medidas Coercitivas Unilaterales (las mal llamadas "sanciones"), que no son más que bombardeos silenciosos contra el pueblo. Asimismo, se recordó al mundo la afrenta que representa el secuestro criminal y sangriento de nuestro Presidente Constitucional, una prueba más de la “justicia” extraterritorial que el imperio pretende normalizar.

Lo interesante de esto es que la cumbre no es una de aquellas que el Comandante Chávez denunció en su momento (cuando dijo que los Los gobiernos van de cumbre en cumbre, mientras los pueblos van de abismo en abismo). La cumbre no fue un evento declarativo, es un paso hacia la construcción de espacios de integración, colaboración y fortalecimiento de las relaciones Sur-Sur, una ruta para detener el saqueo contra nuestros pueblos.

Vivimos tiempos donde el supremacismo blanco y el sionismo internacional pretenden tomarse el derecho de intervenir, bombardear y exterminar a pueblos libres. El doloroso exterminio en Palestina, la asfixia criminal a Irán y el asedio constante a Venezuela demuestran que las Naciones Unidas están hoy hundidas en la ineficiencia, convertidas en un espectro de lo que debieron ser.

En este contexto, la unidad entre América Latina, el Caribe y África cobra un sentido existencial. Ya no es una opción, es un imperativo de supervivencia. La ruta contra el imperialismo criminal y genocida sigue siendo la que trazó el Libertador Simón Bolívar y que rescató el Comandante Hugo Chávez: organización, unidad e integración. "Nuestra Patria es la América", decía Bolívar. Hoy, esa Patria se extiende y se abraza con la Madre África en una sola lucha.

¡Unidad, Lucha, Batalla y Victoria!

sábado, 14 de marzo de 2026

El Reconocimiento gringo a nuestro Gobierno no es una victoria, es para desconfiar más

 

Omar Gómez

El pasado miércoles 11 de marzo, el Departamento de Estado de los EE. UU. notificó al Tribunal de Nueva York su reconocimiento formal a la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, como jefa de Estado. Esta maniobra fue precedida, el 10 de marzo de 2026, por las declaraciones oficiales de Michael G. Kozak, operador de la oficina de asuntos imperiales para nuestro hemisferio. Ante este escenario, debemos preguntarnos: ¿Qué pretende el imperio con este reconocimiento?

 

Las hipótesis pueden ser muchas. Tal vez, buscan desesperadamente lavar su imagen ante su propio pueblo y el mundo tras el estruendoso fracaso de intentar imponer un gobierno títere; entienden, finalmente, que cualquier marioneta de Washington sería rechazada por la organización popular venezolana. O puede ser que intentan fabricar una coartada jurídica para despojar de su inmunidad presidencial a Nicolás Maduro, manteniendo la infame tesis de un "presidente secuestrado" para facilitar su linchamiento judicial en territorio gringo.

 

Asimismo, este giro responde al más rancio pragmatismo extractivista: necesitan un interlocutor que les permita acceder, de forma directa y "legal", a nuestras riquezas soberanas: el petróleo, el oro y nuestros minerales estratégicos. Por último, pretenden forzar una transición tutelada que desemboque en elecciones bajo sus términos, ignorando la legitimidad de origen de nuestro proceso bolivariano.

 

Podrán sobrar hipótesis, pero en ninguna de ellas figura el bienestar del pueblo venezolano. El destino de nuestra gente es lo que menos le importa a la élite de Washington. Lo que verdaderamente debe llamarnos a la reflexión es la actitud que nosotros, como patriotas, asumimos ante este viraje táctico del enemigo histórico.

 

¡Nuestra reacción jamás puede ser el agradecimiento! Sería una traición a la memoria de nuestros mártires agradecer al imperio que hoy reconoce a un gobierno mientras mantiene secuestrado, en un acto de piratería internacional, a nuestro Presidente. Parece que a algunos se les olvida que tenemos un Presidente que fue electo constitucionalmente el pasado mes de julio de 2024, que no ha renunciado, y que su mandato continúa vigente.

 

Debemos recordar que en las elecciones presidenciales de julio de 2024, ya los EEUU tenían una posición clara y coherente con su política internacional: si ganaba su aliado reconocía las elecciones, si no ganaba su aliado, no reconocía al ganador de las elecciones. Y eso ha sucedido desde que ganó la revolución bolivariana en Venezuela y ha ocurrido en decenas de países a nivel mundial. Es exactamente lo que ocurre en Irán, cuando dice Trump que las autoridades del gobierno iraní deben contar con la aprobación suya. Tamaña injerencia la vemos siempre en la política estadounidense, desde que se formaron como país. Tal es el sentido ampliado, por ejemplo, de la doctrina Monroe.

 

No hay gratitud posible para quien profanó nuestro sagrado suelo, para quien asesinó a decenas de compatriotas venezolanos y cubanos, y para quien nos bombardeó pretendiendo vendernos como una amenaza global. ¿Qué podemos agradecerle al inquilino de la Casa Blanca? Un sujeto cuya bajeza moral lo vincula a los archivos de la red de Epstein; un personaje que encarna la decadencia de una sociedad dirigida por genocidas y depravados.

 

Para concluir, haber retomado relaciones diplomáticas con los EEUU no es algo con lo que se pueda estar de acuerdo, pero de allí, a celebrar o agradecer, que el gobierno del desquiciado pedófilo nos reconozca, es como demasiado.

Como dijo el Che, “no se puede confiar en el imperialismo pero ni tantico así, nada”

sábado, 7 de marzo de 2026

¿Relaciones diplomáticas con los gringos? ¡Prefiero morir de pie que vivir de rodillas!

Omar Gómez

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre la República Bolivariana de Venezuela y el imperio estadounidense se presenta hoy como una encrucijada histórica. Es una línea roja que no debió cruzarse. Pero además, la posible presencia en suelo sagrado de la patria del pedófilo y orate de la Casa Blanca, sujeto señalado por las más abyectas bajezas morales y crímenes de guerra, sumada a la pretensión de vincularnos con la entidad sionista, constituyen líneas rojas inviolables para el espíritu rebelde de nuestra Revolución.

Es innegable que el país enfrenta un asedio disfrazado de "diplomacia". El desfile de personeros del aparato represivo y energético de Washington, tales como John Ratcliffe (CIA), Francis L. Donovan (Comando Sur), Chris Wright (Energía) y Doug Burgum (Interior), junto a sus avanzadas corporativas, no busca la paz, sino el saqueo de nuestras riquezas. A cambio de migajas, como licencias condicionadas para explotar nuestro petróleo y oro, pretenden que olvidemos que nos mantienen tomados por la garganta. Si bien ha cesado temporalmente el secuestro de nuestros buques (siempre que el destino sea el norte) y han moderado el lenguaje de "Estado fallido" o "narcoestado", la agresión estructural permanece intacta.

Apenas dos meses han pasado desde la infame invasión, las masacres y el secuestro criminal de nuestro Presidente Constitucional, Nicolás Maduro. Quieren imponer una amnesia colectiva, como si la sangre de nuestros mártires se hubiera secado o nuestra voluntad se hubiese rendido. ¡Nada más lejos de la realidad! El Presidente Maduro continúa secuestrado por el sanguinario gobierno gringo, bajo patrañas jurídicas como la del "Cartel de los Soles", negándosele incluso el derecho elemental a la defensa.

La agresión persiste porque se nos pretende prohibir el intercambio soberano con aliados nuestros como Rusia, China, India, Cuba e Irán. El bloqueo criminal no ha cesado, puede que mute, pero no desaparece.

Más allá de nuestras fronteras, la ética revolucionaria nos impide estrechar la mano de un Estado dirigido por un delincuente sexual y pedófilo confeso, que estrangula al heroico pueblo de Cuba y masacra al hermano pueblo de Irán. No hay normalidad posible con quienes han hecho de la invasión y el bombardeo su política exterior. ¿Con qué moral negociaremos con quienes financian y avalan el genocidio del noble pueblo palestino? ¿Cómo mirar a los ojos a los únicos que han usado armas atómicas para exterminar ciudades enteras o que han lanzado napalm, defoliantes y agentes químicos para arrasar selvas y asesinar impunemente?

Esta conducta terrorista del imperio fue denunciada hace dos siglos por nuestro Libertador Simón Bolívar, quien vislumbró el papel expansionista de quienes hoy sabotean nuestra unión. En este bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, recordamos que el sabotaje del Congreso y la traición de Santander fueron dictadas desde Washington para impedir la unidad de nuestra América.

La posición de la revolución debe ser firme: No puede haber relaciones con el imperio mientras no exista igualdad soberana. Hoy no existe tal igualdad mientras nuestro Presidente siga secuestrado, mientras nuestras familias lloren a sus muertos de la invasión y mientras las sanciones sigan siendo un arma de guerra.

Inspirados en la estirpe de Emiliano Zapata, el caudillo del sur, los revolucionarios proclamamos ante el mundo nuestra verdad irreductible, con una consigna profundamente ética y de contenido bolivariano y chavista:

¡¡Prefiero morir de pie que vivir de rodillas!!