sábado, 4 de abril de 2026

Un balance a tres meses del secuestro de Maduro

 

Omar Gómez

Han transcurrido ya tres meses desde el cruento secuestro de nuestro Presidente. Es un momento propicio para realizar un balance de la situación. Tras aquella sangrienta agresión imperialista, los días han demostrado que el pueblo no se quedó de brazos cruzados, pese a las burlas de los voceros de la derecha apátrida y las infamias proferidas por el pedófilo y genocida que hoy manda en la Casa Blanca.

La agresión no fue menor: destinaron más de 150 aeronaves equipadas con tecnología de punta para cegar nuestros radares e intentar invisibilizar la invasión. Ante un despliegue militar abrumador, lo ocurrido no puede calificarse como una simple "extracción": fue una batalla desigual donde la sorpresa y la superioridad tecnológica se impusieron sobre nuestra resistencia, dejando un saldo heroico de más de cien mártires que ofrendaron su vida por la Patria.

Pese al ataque, la institucionalidad venezolana demostró una solidez inquebrantable. La consulta inmediata a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) permitió preservar el hilo democrático y la paz social. Quienes soñaron con el colapso de la Revolución Bolivariana quedaron perplejos ante la capacidad de recuperación inmediata de nuestras instituciones y la continuidad de la vida republicana.

Sin embargo, no podemos pecar de ingenuos: no hemos retornado a una normalidad. Por el contrario, sufrimos hoy la presión de la bota imperial pretendiendo humillarnos e imponernos decisiones soberanas que, en condiciones distintas, jamás aceptaríamos. A este escenario se suma una lección geopolítica amarga, estar solos a nivel internacional, pues nuestros aliados internacionales se limitaron a emitir tibias condenas diplomáticas ante la invasión perpetrada contra nuestra Patria.

En este trimestre, hemos visto cómo la economía se abre a capitales estadounidenses mientras nuestros aliados históricos permanecen en la incertidumbre. Esta coyuntura ha limitado nuestra solidaridad activa con pueblos hermanos como Irán y Cuba, víctimas también de la agresión imperialista más descarada. Todo esto ocurre bajo el silencio cómplice de organismos internacionales como la ONU, institución que enmudeció frente al secuestro de nuestro Presidente.

Los cambios de Gabinete y la ley de amnistía fueron, para muchos, indicios de un cambio profundo, sin embargo, ignoran que en el primer caso, estos procesos son parte de la continuidad natural de los cambios que siempre se dan en el alto gobierno, y en el segundo caso, la amnistía estaba planificada desde el mes de diciembre.

La ultraderecha interna y los sectores recalcitrantes del fascismo mundial esperaban que Venezuela se sumiera en el caos para justificar un derrocamiento. Se equivocaron. El país se mantuvo en calma, el pueblo siguió trabajando y, como muestra de vigor democrático, se celebró con éxito la Primera Consulta Nacional de Proyectos, un hito de democracia participativa que los medios hegemónicos pretendieron invisibilizar.

A pesar de hechos que generan legítima preocupación —como el restablecimiento de relaciones con nuestros agresores, la reapertura de la embajada gringa o las visitas de altos mandos de la CIA y el Comando Sur—, la Revolución Bolivariana exhibe logros políticos importantes en estos 90 días: La preservación de la paz nacional, evitando la guerra civil que el fascismo vaticinó, el desarrollo indetenible del Poder Popular, reforzando la organización de base y la participación en los proyectos comunales a nivel nacional, y por último el protagonismo en el Diálogo Sur-Sur, destacando nuestra participación en el I Foro de Alto Nivel entre la CELAC y la Unión Africana.

Es con la organización del pueblo, a nivel nacional e internacional, que se podrá enfrentar y derrocar al Imperio más poderoso, más asesino, más corrupto y más despiadado que ha tenido la humanidad.

¡Venceremos!


sábado, 28 de marzo de 2026

El juicio a Maduro y nuestra Ingenuidad

 

Omar Gómez

El pueblo venezolano, en su nobleza, suele ser confiado e ingenuo. Es parte de nuestra esencia: somos alegres, hospitalarios, amistosos, confiados, sinceros y profundamente optimistas. Sin embargo, esa misma franqueza se traduce a veces en una ingenuidad peligrosa cuando la trasladamos al escenario geopolítico mundial, donde los lobos imperiales no juegan bajo reglas de caballerosidad.

El pasado jueves 26 de marzo, una multitud de compatriotas permaneció en vigilia; algunos pegados a las redes y a la mediática internacional, otros concentrados en nuestras Plazas Bolívar. Muchos albergaban, cándidamente, la esperanza de que un juez del imperio comprendería la ilegalidad de retener a nuestro Presidente y ordenaría su retorno inmediato a la Patria. Esperaban que la verdad triunfara sobre la infamia. Pero la realidad fue otra, y no podía ser distinta cuando se trata de un sistema diseñado por y para delincuentes internacionales.

En los medios se insistió, de forma casi alienante, en la "justez" de los argumentos de la defensa y en la supuesta erudición de los abogados, apelando a la quimera de la imparcialidad judicial estadounidense. Se vendió la falsa idea de que, pagando una defensa técnica, se convencería a un tribunal de desestimar la causa. Esa es la narrativa engañosa que intentaron inocular en el imaginario de nuestro pueblo.

Seamos claros: no estamos ante un sistema de justicia independiente, sino ante el brazo ejecutor de una potencia imperial que actúa en la absoluta ilegalidad global. Es el sistema que legitima a un personero que pretende ser dueño del mundo; un sujeto que, apenas asumió el poder, mostró sus garras coloniales amenazando con apropiarse de Groenlandia, Canadá, México, el Canal de Panamá, Cuba y nuestra Venezuela. Es el mismo que promueve y disfruta sádicamente la guerra contra Irán, avala el genocidio contra el pueblo palestino y cuyo nombre resuena en las cloacas morales de los "papeles de Epstein", en donde miles de fotos, videos y testimonios nos hablan de su calaña. ¿Es en esa moral putrefacta en la que vamos a confiar?

Además, muchos parecen olvidar la génesis de este atropello. El "acusado" no llegó a esas cortes por un proceso civilizado o apegado al derecho internacional, no fue a través de un proceso judicial o de una sentencia de un tribunal. Su presencia allí es el fruto de una operación militar contra una nación que históricamente ha sido símbolo de Paz. “El acusado” está allí porque se realizó una invasión criminal y una masacre contra los patriotas que lo custodiaban. Los invasores pisotearon el sagrado suelo de la Patria para ejecutar un secuestro, un detalle que los medios pretenden borrar.

Si existiera una pizca de justicia real en ese país, lo que procedería sería introducir miles de demandas contra el Estado norteamericano por cada soldado mártir asesinado en nuestro suelo y por los heridos durante su incursión armada. Pero no pequemos de incautos.

Hay que repetirlo con fuerza: nuestro Presidente Constitucional está secuestrado. Es víctima de una agresión sangrienta por parte del imperio más criminal que haya conocido la humanidad. Ante esto, la justicia de ellos es una farsa. La libertad de nuestro líder vendrá de la mano de la alianza estratégica con las potencias soberanas, de la astucia en el juego político y, fundamentalmente, de la presión constante de los pueblos del mundo que aman su libertad.

Para terminar, cito unos versos de Alí Primera, de “Canción mansa para un pueblo bravo” (1976):

A veces pienso que todo el pueblo

Es un muchacho que va corriendo

Tras la esperanza que se le va

La sangre joven y al sueño viejo

Pero dejando de ser pendejo

Esa esperanza será verdad (…)

Que al chivo manso siempre lo arrean

Y eso no pasa si es montaraz