sábado, 7 de marzo de 2026

¿Relaciones diplomáticas con los gringos? ¡Prefiero morir de pie que vivir de rodillas!

Omar Gómez

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre la República Bolivariana de Venezuela y el imperio estadounidense se presenta hoy como una encrucijada histórica. Es una línea roja que no debió cruzarse. Pero además, la posible presencia en suelo sagrado de la patria del pedófilo y orate de la Casa Blanca, sujeto señalado por las más abyectas bajezas morales y crímenes de guerra, sumada a la pretensión de vincularnos con la entidad sionista, constituyen líneas rojas inviolables para el espíritu rebelde de nuestra Revolución.

Es innegable que el país enfrenta un asedio disfrazado de "diplomacia". El desfile de personeros del aparato represivo y energético de Washington, tales como John Ratcliffe (CIA), Francis L. Donovan (Comando Sur), Chris Wright (Energía) y Doug Burgum (Interior), junto a sus avanzadas corporativas, no busca la paz, sino el saqueo de nuestras riquezas. A cambio de migajas, como licencias condicionadas para explotar nuestro petróleo y oro, pretenden que olvidemos que nos mantienen tomados por la garganta. Si bien ha cesado temporalmente el secuestro de nuestros buques (siempre que el destino sea el norte) y han moderado el lenguaje de "Estado fallido" o "narcoestado", la agresión estructural permanece intacta.

Apenas dos meses han pasado desde la infame invasión, las masacres y el secuestro criminal de nuestro Presidente Constitucional, Nicolás Maduro. Quieren imponer una amnesia colectiva, como si la sangre de nuestros mártires se hubiera secado o nuestra voluntad se hubiese rendido. ¡Nada más lejos de la realidad! El Presidente Maduro continúa secuestrado por el sanguinario gobierno gringo, bajo patrañas jurídicas como la del "Cartel de los Soles", negándosele incluso el derecho elemental a la defensa.

La agresión persiste porque se nos pretende prohibir el intercambio soberano con aliados nuestros como Rusia, China, India, Cuba e Irán. El bloqueo criminal no ha cesado, puede que mute, pero no desaparece.

Más allá de nuestras fronteras, la ética revolucionaria nos impide estrechar la mano de un Estado dirigido por un delincuente sexual y pedófilo confeso, que estrangula al heroico pueblo de Cuba y masacra al hermano pueblo de Irán. No hay normalidad posible con quienes han hecho de la invasión y el bombardeo su política exterior. ¿Con qué moral negociaremos con quienes financian y avalan el genocidio del noble pueblo palestino? ¿Cómo mirar a los ojos a los únicos que han usado armas atómicas para exterminar ciudades enteras o que han lanzado napalm, defoliantes y agentes químicos para arrasar selvas y asesinar impunemente?

Esta conducta terrorista del imperio fue denunciada hace dos siglos por nuestro Libertador Simón Bolívar, quien vislumbró el papel expansionista de quienes hoy sabotean nuestra unión. En este bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, recordamos que el sabotaje del Congreso y la traición de Santander fueron dictadas desde Washington para impedir la unidad de nuestra América.

La posición de la revolución debe ser firme: No puede haber relaciones con el imperio mientras no exista igualdad soberana. Hoy no existe tal igualdad mientras nuestro Presidente siga secuestrado, mientras nuestras familias lloren a sus muertos de la invasión y mientras las sanciones sigan siendo un arma de guerra.

Inspirados en la estirpe de Emiliano Zapata, el caudillo del sur, los revolucionarios proclamamos ante el mundo nuestra verdad irreductible, con una consigna profundamente ética y de contenido bolivariano y chavista:

¡¡Prefiero morir de pie que vivir de rodillas!!

 

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