sábado, 14 de marzo de 2026

El Reconocimiento gringo a nuestro Gobierno no es una victoria, es para desconfiar más

 

Omar Gómez

El pasado miércoles 11 de marzo, el Departamento de Estado de los EE. UU. notificó al Tribunal de Nueva York su reconocimiento formal a la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, como jefa de Estado. Esta maniobra fue precedida, el 10 de marzo de 2026, por las declaraciones oficiales de Michael G. Kozak, operador de la oficina de asuntos imperiales para nuestro hemisferio. Ante este escenario, debemos preguntarnos: ¿Qué pretende el imperio con este reconocimiento?

 

Las hipótesis pueden ser muchas. Tal vez, buscan desesperadamente lavar su imagen ante su propio pueblo y el mundo tras el estruendoso fracaso de intentar imponer un gobierno títere; entienden, finalmente, que cualquier marioneta de Washington sería rechazada por la organización popular venezolana. O puede ser que intentan fabricar una coartada jurídica para despojar de su inmunidad presidencial a Nicolás Maduro, manteniendo la infame tesis de un "presidente secuestrado" para facilitar su linchamiento judicial en territorio gringo.

 

Asimismo, este giro responde al más rancio pragmatismo extractivista: necesitan un interlocutor que les permita acceder, de forma directa y "legal", a nuestras riquezas soberanas: el petróleo, el oro y nuestros minerales estratégicos. Por último, pretenden forzar una transición tutelada que desemboque en elecciones bajo sus términos, ignorando la legitimidad de origen de nuestro proceso bolivariano.

 

Podrán sobrar hipótesis, pero en ninguna de ellas figura el bienestar del pueblo venezolano. El destino de nuestra gente es lo que menos le importa a la élite de Washington. Lo que verdaderamente debe llamarnos a la reflexión es la actitud que nosotros, como patriotas, asumimos ante este viraje táctico del enemigo histórico.

 

¡Nuestra reacción jamás puede ser el agradecimiento! Sería una traición a la memoria de nuestros mártires agradecer al imperio que hoy reconoce a un gobierno mientras mantiene secuestrado, en un acto de piratería internacional, a nuestro Presidente. Parece que a algunos se les olvida que tenemos un Presidente que fue electo constitucionalmente el pasado mes de julio de 2024, que no ha renunciado, y que su mandato continúa vigente.

 

Debemos recordar que en las elecciones presidenciales de julio de 2024, ya los EEUU tenían una posición clara y coherente con su política internacional: si ganaba su aliado reconocía las elecciones, si no ganaba su aliado, no reconocía al ganador de las elecciones. Y eso ha sucedido desde que ganó la revolución bolivariana en Venezuela y ha ocurrido en decenas de países a nivel mundial. Es exactamente lo que ocurre en Irán, cuando dice Trump que las autoridades del gobierno iraní deben contar con la aprobación suya. Tamaña injerencia la vemos siempre en la política estadounidense, desde que se formaron como país. Tal es el sentido ampliado, por ejemplo, de la doctrina Monroe.

 

No hay gratitud posible para quien profanó nuestro sagrado suelo, para quien asesinó a decenas de compatriotas venezolanos y cubanos, y para quien nos bombardeó pretendiendo vendernos como una amenaza global. ¿Qué podemos agradecerle al inquilino de la Casa Blanca? Un sujeto cuya bajeza moral lo vincula a los archivos de la red de Epstein; un personaje que encarna la decadencia de una sociedad dirigida por genocidas y depravados.

 

Para concluir, haber retomado relaciones diplomáticas con los EEUU no es algo con lo que se pueda estar de acuerdo, pero de allí, a celebrar o agradecer, que el gobierno del desquiciado pedófilo nos reconozca, es como demasiado.

Como dijo el Che, “no se puede confiar en el imperialismo pero ni tantico así, nada”

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