Omar Gómez
Entre el 18 y el 21 de marzo de 2026, la ciudad de Bogotá se convirtió en el epicentro de la esperanza para los pueblos históricamente oprimidos. El I Foro de Alto Nivel entre la CELAC y la Unión Africana no fue un evento protocolar más; fue un acto de rebeldía frente a un orden mundial que agoniza bajo el peso de su propia soberbia.
Como era de esperarse, la maquinaria de propaganda del imperialismo intentó invisibilizar este evento. Los grandes centros de poder mediático, que actúan como portavoces de las élites del Norte global, optaron por el silencio o el ataque artero. Mientras algunos mandatarios del Norte —enredados en sus propias crisis de valores y escándalos éticos— ignoraron la existencia de la cumbre, diarios coloniales como El País de España publicaron titulares despectivos que vaticinaban debilidades internas.
Este desprecio no es nuevo: es el miedo de las potencias supremacistas a ver cómo el Sur Global se reconoce a sí mismo. Frente a la voluntad de las multinacionales que imponen su ley mediante misiles, portaaviones y el chantaje financiero, hoy se levanta una muralla de dignidad birregional.
El Presidente Gustavo Petro, como anfitrión, marcó la pauta con un discurso que resonó en las venas abiertas de ambos continentes. Sus llamados a la justicia social, la cooperación real y el multilateralismo ratificaron a nuestra región como una zona de paz, en contraste con un Primer Mundo que solo exporta guerra para alimentar su complejo militar-industrial.
Al entregar la presidencia pro tempore al uruguayo Yamandú Orsi, se selló un compromiso de continuidad. La reunión de la CELAC con 19 naciones africanas fue un grito unísono contra todas las formas de dominación y neocolonialismo, contra las herencias de la esclavitud que aún condicionan nuestras economías y los bloqueos criminales que pretenden doblegar la soberanía de los pueblos.
Para la República Bolivariana de Venezuela, este foro fue una trinchera fundamental. Nuestra delegación alzó la voz para denunciar el carácter genocida de las Medidas Coercitivas Unilaterales (las mal llamadas "sanciones"), que no son más que bombardeos silenciosos contra el pueblo. Asimismo, se recordó al mundo la afrenta que representa el secuestro criminal y sangriento de nuestro Presidente Constitucional, una prueba más de la “justicia” extraterritorial que el imperio pretende normalizar.
Lo interesante de esto es que la cumbre no es una de aquellas que el Comandante Chávez denunció en su momento (cuando dijo que los Los gobiernos van de cumbre en cumbre, mientras los pueblos van de abismo en abismo). La cumbre no fue un evento declarativo, es un paso hacia la construcción de espacios de integración, colaboración y fortalecimiento de las relaciones Sur-Sur, una ruta para detener el saqueo contra nuestros pueblos.
Vivimos tiempos donde el supremacismo blanco y el sionismo internacional pretenden tomarse el derecho de intervenir, bombardear y exterminar a pueblos libres. El doloroso exterminio en Palestina, la asfixia criminal a Irán y el asedio constante a Venezuela demuestran que las Naciones Unidas están hoy hundidas en la ineficiencia, convertidas en un espectro de lo que debieron ser.
En este contexto, la unidad entre América Latina, el Caribe y África cobra un sentido existencial. Ya no es una opción, es un imperativo de supervivencia. La ruta contra el imperialismo criminal y genocida sigue siendo la que trazó el Libertador Simón Bolívar y que rescató el Comandante Hugo Chávez: organización, unidad e integración. "Nuestra Patria es la América", decía Bolívar. Hoy, esa Patria se extiende y se abraza con la Madre África en una sola lucha.
¡Unidad, Lucha, Batalla y Victoria!
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