Omar Gómez
El pasado martes 7 de abril, el orate de la Casa Blanca descargó una ráfaga de amenazas que exponen la naturaleza genocida del norte: “Toda una civilización morirá esta noche, para no volver más”. Ante tal barbarie, el mundo contuvo el aliento frente a la posibilidad de un holocausto nuclear, única vía para cumplir la promesa de borrar pueblos enteros de la faz de la tierra.
Esta amenaza no es un delirio aislado por dos razones fundamentales: El precedente histórico: Estados Unidos es la única nación que ha descargado el horror atómico sobre poblaciones civiles (Hiroshima y Nagasaki) y La irracionalidad del mando: El dedo sobre el botón nuclear pertenece a un liderazgo desequilibrado que desprecia la vida humana.
Para el imperialismo, el uso de armamento nuclear es una opción real bajo la premisa de la impunidad total. Su lógica es cínica: “Lanzamos la bomba, ¿y qué?”. Esta frase no es nueva; es el mismo eco terrorista de quienes hicieron estallar el avión de Cubana de Aviación en 1976, asesinando a todo el equipo de esgrima de Cuba, otros deportistas, la tripulación y a civiles inocentes (se puede leer el libro “Pusimos la bomba ¿y qué? ” de la periodista Alicia Herrera en el siguiente link de la editorial El Perro y la Rana: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2021/11/Pusimos_la_bomba_y_qu%C3%A9.pdf)
La historia de los EE. UU. es la historia del atropello: secuestro de presidentes, golpes de estado y genocidios sistemáticos. Todo esto ocurre ante la mirada complaciente de organismos internacionales que, lejos de frenar a la bestia, se limitan a condenas tibias y burocráticas.
Lo asombroso de la jornada del martes fue el repliegue humillante del cómplice de Epstein. En cuestión de minutos, el discurso bélico se transformó en la aceptación de un plan de paz propuesto por la República Islámica de Irán. Los diez puntos publicados no son más que un acta de rendición para el Imperio, que desde el miércoles proyecta ante el mundo la imagen de una potencia derrotada buscando una salida honrosa.
Mientras tanto, la entidad sionista —brazo ejecutor del imperialismo en la región— persiste en su agresión contra el Líbano. Ante esto, la respuesta soberana de Irán ha sido firme: la agresión al pueblo libanés es una continuación de la guerra y, por lo tanto, el Estrecho de Ormuz permanecerá cerrado. La paz sigue bajo amenaza por la voracidad criminal de Netanyahu.
A los pocos días, el guión ha vuelto a cambiar. El Imperio retoma el tono de soberbia, lanza nuevos ultimátums y amenaza nuevamente con la destrucción de Irán. Queda claro que estamos ante los estertores de un sistema que, en su desesperación por no perder la hegemonía, recurre al chantaje eterno. ¿Será más de lo mismo?
¡¡ Venceremos !!
No hay comentarios:
Publicar un comentario