Omar Gómez
Recientemente, el hijo del Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela dijo unas palabras ante una audiencia que dejó estupefactos a muchos: la posibilidad de establecer relaciones diplomáticas con la entidad sionista. Sobre el particular es necesario adelantar algunos elementos por los que se considera que esto es una línea que no debe cruzarse.
En primer lugar, la entidad sionista está basada en el robo y ocupación de unos territorios de los que legítimamente, y por miles de años, han sido el asiento del pueblo palestino. La entidad sionista se establece en ese territorio por una imposición de Inglaterra y la naciente ONU, sin que para nada hayan intervenido los habitantes del territorio.
En segundo lugar, quienes sostienen dicha entidad sionista, ni siquiera han respetado las decisiones iniciales de los ingleses, sino que más bien, han expandido sus tierras hasta casi hacer desaparecer a Palestina de su territorio. La entidad sionista busca expandirse hacia lo que ellos denominan “El Gran Israel”, una zona que va desde la costa oriental del Nilo, en Egipto, hasta la costa occidental del Éufrates, en Irak, tomando por la fuerza territorios de Egipto, Jordania, Palestina, Líbano, Siria e Irak. Algo parecido a Trump con Groenlandia.
En tercer lugar, la entidad sionista, como país, es una entelequia, ya que ha sido construida forzosamente por la emigración de personas de distintas nacionalidades bajo el argumento de pertenecer a una determinada religión. Cuando se fundó la entidad sionista, su presidente Chaim Weizmann, era de Bielorrusia, su primer ministro, David Ben-Gurion, era de Polonia, el ministro de Relaciones exteriores, Sharett, era de Ucrania, el de justicia, Rosen, era alemán, el jefe del estado mayor, Yaakov Dori, era de Ucrania y el presidente del parlamento (la Knéset), Sprinzak, era de Rusia. En general, el estado se hizo con emigrantes de muchos países europeos y de América. No podía hacerse con nacidos en Palestina por ser una imposición extranjera. Luego de 78 años de ocupación ilegal, la mayoría de los miembros del Gobierno son nacidos en Palestina, pero con raíces europeas, ninguno con raíces palestinas.
Pero además de todo lo anterior, el gobierno sionista se ha encargado, desde el primer despojo de 1948, en exterminar sistemáticamente al pueblo palestino, sin importar, incluso su religión. La mayoría del pueblo palestino es musulmán, pero también hay cristianos, judíos, budistas y de otras religiones. Pero a pesar de pertenecer a distintas religiones se reconocen como palestinos, con un mismo lenguaje y con una misma etnicidad. Al igual que en Venezuela, su pueblo se reconoce como venezolano aún cuando esté compuesto de católicos (la mayoría), evangélicos, judíos, musulmanes, budistas, yorubas y ateos, entre otros. Tenemos la misma cultura y el mismo lenguaje. Los sionistas tuvieron que, en un esfuerzo por darle identidad a su entidad, revivir una lengua muerta, el hebreo, que pocos la conocían, y hacer esfuerzos por imponerla en sitios en donde es más fácil para los inmigrantes hablar y escribir el lenguaje de sus amos, el inglés.
Pero tal vez la razón fundamental para no reconocer a la entidad sionista es su carácter asesino, genocida, malignamente sádico e irrespetuoso del derecho internacional ¿vamos a reconocer y a dialogar con una banda de criminales de guerra, asesinos de niños, torturadores y exterminadores del pueblo palestino? ¿vamos a reconocer a quienes, de la noche a la mañana aúpan un movimiento secesionista en Somalia para poder atacar a Yemen y robar las riquezas somalíes? ¿vamos a reconocer a quienes asesinaron a mansalva a ciudadanos inocentes de Teherán cuando les provocó bombardearlos, al igual que como hacen con el Líbano, Siria y Yemen? ¿vamos a reconocer a quienes diariamente asesinan a niños palestinos porque para ellos es la mejor forma de prevenir “el terrorismo”?
Reconocer a la entidad sionista es una línea roja que, definitivamente, no se puede cruzar. Como dijo Chávez: “¡Maldito seas Estado de Israel!”
¡Viva Palestina libre!
¡Viva Venezuela!
¡Venceremos!
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