Omar Gómez
La incontinencia verbal y la bajeza moral del pedófilo de Washington no dejan de asombrar a los pueblos libres del mundo. Al realizar un breve pero necesario recuento de sus recientes y temerarias declaraciones, queda al desnudo el rostro más feroz del imperialismo: se ensaña contra la hermana República de Cuba en su afán por profundizar un bloqueo criminal, pretendiendo cercenar el sagrado derecho de Venezuela a comercializar su petróleo con la isla, a la vez que amenaza con arrasar la dignidad caribeña y destruir el país en el corto plazo.
No conforme con este asedio regional, el monstruo yanqui extiende sus garras hacia Groenlandia, llegando al extremo de presentar ante el Congreso de los Estados Unidos un proyecto de ley para la anexión de dicho territorio, demostrando que su apetito colonialista no conoce fronteras ni respeta soberanías.
Simultáneamente, el régimen de Washington amenaza a la República Islámica de Irán, advirtiendo una intervención militar si se producen víctimas en las manifestaciones que el mismo pedófilo, en componenda con su brazo ejecutor, el sionismo, ha provocado deliberadamente. Bajo esta lógica de extorsión global, anuncia aranceles del 25 % a cualquier nación soberana que ose realizar negocios con Teherán, pretendiendo convertir el comercio mundial en un campo de batalla subordinado a sus caprichos.
Esta diarrea verbal se traduce en decretos coloniales que pretenden decidir qué petroleros pueden surcar los mares desde nuestras costas, al tiempo que exhibe con desprecio un lenguaje que agrede a nuestra Presidenta (e) diciendo que es una títere dócil y lacaya de los intereses gringos, cosa más falsa, o peor aún, el enfermo ese se presenta en sus redes con una foto y el autoproclamado título de Presidente de Venezuela, al mejor estilo guaidocista. Narcisismo puro. En el paroxismo de sus fantasías imperiales, este agresor manifiesta el deseo de pisar suelo sagrado venezolano para reunirse con la Presidenta (e), una pretensión ridícula y contradictoria viniendo de quien desprecia profundamente nuestra identidad tildándonos de "feos", demostrando su racismo estructural y su ignorancia extrema.
No obstante, no debemos desviar la mirada pensando que este asedio es exclusivo contra Venezuela; estamos ante una agresión sistemática contra la humanidad entera. Es el mismo genocidio que ejecutan contra el heroico pueblo de Palestina en Gaza, son los bombardeos fratricidas en Nigeria, Sudán y Somalia, y es el desprecio absoluto por el derecho internacional al declarar que solo obedece a su propia moralidad de forajido. Su gestión es sinónimo de guerra de aranceles, piratería en alta mar y asesinatos extrajudiciales sin fórmula de juicio. Todo esto ocurre mientras, puertas adentro, ese imperio en decadencia promueve la alienación de su propia gente, sumiéndolo en la ignorancia y la enfermedad mediante una alimentación de desechos ultraprocesados, mientras se hace de la vista gorda ante la epidemia de los "zombis del fentanilo", reflejo de la descomposición de una sociedad sin alma, sin amor como dijo el Presidente Petro.
La agresión es global porque el planeta mismo no escapa al desorden ambiental del cual el capitalismo depredador es el principal responsable: el calentamiento global, la desertificación y la sobreexplotación de los recursos por pura ambición demencial son señales de que los EE. UU. conducen al mundo hacia su extinción, sumado a una capacidad nuclear capaz de destruir el mundo decenas de veces.
Ante este panorama que la maquinaria bélica y cultural del imperialismo pretende presentar como inevitable, causa indignación ver cómo algunos sectores alienados, con el alma colonizada, aplaudieron los bombardeos gringos contra nuestra patria, asimilándose a quien vitorea la violación de su propia madre en manos de un verdugo. Frente a tal bajeza, nos mantenemos firmes en la estrategia del Gobierno Bolivariano y la Revolución: denunciar ante el mundo el secuestro de nuestro Presidente Constitucional y batallar incansablemente por una diplomacia de paz y respeto.
¡Somos irreductibles!
¡Venceremos!
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