Omar Gómez
Existe una matriz de opinión, hábilmente orquestada, que pretende instaurar la idea de que en Venezuela reina una "normalidad" absoluta. Según este relato, "aquí no ha pasado nada". Sin embargo, esa aparente calma no es más que una fase avanzada de la guerra psicológica contra la nación. El imperialismo, tras fracasar en su intento de rendirnos por hambre y caos, ahora recurre a la anestesia social: una narrativa mediática que busca invisibilizar el secuestro de nuestro Presidente Constitucional, el bombardeo a instalaciones civiles y militares, y el sacrificio de mártires venezolanos y cubanos.
Al levantar la mirada hacia el horizonte internacionalista, la máscara de la "normalidad" se desmorona. No hay normalidad en un mundo donde el Imperio moviliza su maquinaria de guerra hacia el Golfo Pérsico para asediar a la hermana República Islámica de Irán. No hay normalidad en las pretensiones de un Leviatán terrófago que, con lógica neocolonial, pone precio a territorios soberanos y recursos ajenos.
Lo que el capital trasnacional intenta normalizar es la barbarie: El exterminio del pueblo palestino a manos del brazo ejecutor sionista en el Medio Oriente, bajo el amparo criminal de Washington, el uso del dólar como arma de guerra, a través de sanciones, aranceles arbitrarios y la coerción financiera, la erosión de la soberanía mediante intervenciones directas en todos los continentes.
Si esto es lo "normal" para algunos, es porque han asimilado la ética de los opresores. Para un revolucionario, esto es un estado de guerra permanente contra la humanidad.
La realidad venezolana dista mucho de ser cotidiana. El bloqueo financiero persiste como un torniquete en el cuello de nuestra economía; las instituciones democráticas sufren el acoso constante de la bota imperial y sobre nuestras autoridades pende la espada de Damocles de la persecución judicial internacional.
Ante este escenario, el silencio es complicidad. Es imperativo denunciar la parálisis de los organismos internacionales, cuya burocracia parece diseñada para la impunidad del poderoso. Como bien sentenció el Comandante Hugo Chávez:
"El sistema de las Naciones Unidas no sirve. Hay que refundarlo o habrá que crear un nuevo sistema, porque lo que hay es un mecanismo de dictadura global."
La impunidad, hermana inseparable del imperialismo, solo se derrota con la verdad y la fuerza de los pueblos. No basta con la queja; la tarea histórica es la organización. Siguiendo el mandato bolivariano de la unión necesaria y el legado de Chávez sobre el Pueblo en Armas, debemos entender que nuestra defensa nacional no depende de tribunales extranjeros, sino de la cohesión cívico-militar.
Solo la unidad del pueblo organizado, consciente de su pasado libertador y de su destino socialista, será capaz de doblegar las pretensiones del Imperio. Frente a la mentira de la normalidad, opongamos la verdad de la lucha.
¡¡Venceremos!!
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