sábado, 7 de febrero de 2026

La Podredumbre del Capitalismo: Los Archivos de Epstein

Omar Gómez

El caso de Jeffrey Epstein no es un hecho aislado de criminalidad individual; es la radiografía exacta de la fase superior de la descomposición moral del sistema capitalista. Epstein, magnate financiero y operador de las élites, no solo orquestó redes de trata y violaciones; funcionó como el engranaje que garantizaba la cohesión de la oligarquía global mediante el chantaje y la satisfacción de los instintos más inhumanos.

En la lógica del capital, todo es mercancía, incluso la vida humana. En la llamada isla de Epstein, o "isla del pecado", el magnate transformó el dolor y la dignidad de niñas y adolescentes en un producto de consumo para la élite transnacional. Los archivos revelan una verdad dolorosa para los pueblos oprimidos: mientras el imperialismo predica "derechos humanos" para intervenir naciones soberanas, sus líderes participaban en bacanales de tortura, secuestro y violación. Aquí, el Capitalismo mostró su verdadera cara, donde el dinero compra el derecho a la barbarie con total impunidad. Esa barbarie se transformó en cientos de violaciones infantiles, trata de blanca, sadismo y hasta prácticas de canibalismo infantil.

La presencia recurrente de personajes como Bill Clinton y Donald Trump en los registros de Epstein demuestra que, en las altas esferas del poder imperial, no hay diferencias de fondo entre las facciones políticas. Ambos representan los intereses de una clase dominante que desprecia la condición humana. Bill Clinton: El supuesto "adalid de la paz" y frecuente nominado al Nobel, desenmascara la hipocresía liberal. Su participación no es un desliz personal, sino un ejercicio continuo de violencia sistémica contra los más vulnerables. Donald Trump: Encarna la brutalidad abierta del capital. Para el supremacismo que él representa, la vida de los desposeídos no tiene valor. Si es capaz de participar en redes de pedofilia y explotación, es lógico que su política exterior se base en el asedio a los pueblos, el bloqueo criminal y el desprecio por la soberanía de las naciones del sur.

Es importante notar que no sólo fueron políticos, sino personajes de la economía, de la realeza, del mundo financiero, en fin, gente con mucho poder como Bill Gates y Elon Musk, entre otros, milmillonarios que al parecer no saben qué hacer con tanto dinero y poder. El caso de Bill Gates es ejemplo de ironía pura, pues es reconocido como un famoso y admirado “filántropo”.

El dudoso suicidio de Epstein en una prisión federal no fue un acto de desesperación, sino una operación de limpieza del sistema para proteger a sus cuadros dirigentes. La muerte de Epstein intentó enterrar los nombres de los verdaderos dueños del poder. Sin embargo, la verdad es inocultable: la conducta depredadora de Trump y Clinton en la esfera privada es el espejo de su conducta criminal en la geopolítica. Un sistema que produce y protege a sujetos como Epstein es un sistema que ha perdido cualquier legitimidad ética para dirigir los destinos de la humanidad.

Trump y Epstein no son anomalías; son la culminación lógica de un modelo que pone el capital por encima de la vida. La dupla Trump-Epstein define la podredumbre de un imperialismo decadente que consume a su propia juventud y agrede a los pueblos del mundo. Frente a esta barbarie capitalista, se alza la necesidad de una conciencia bolivariana y socialista que rescate la dignidad del ser humano y construya un mundo donde la infancia sea sagrada y el poder resida en la justicia, no en la depravación financiera. En eso, Venezuela es ejemplo a seguir.

 

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