domingo, 28 de diciembre de 2025

Somalilandia y el Peón Sionista

 

Omar Gómez

El pasado viernes 26 de diciembre, el mundo fue testigo de una nueva jugada en el tablero del despojo global. La entidad sionista de Israel, actuando como punta de lanza de los intereses de Washington, se convirtió en el primer "país" en reconocer a la región de Somalilandia como un supuesto Estado independiente.

Pero no nos engañemos: Somalilandia no es más que una entelequia, un proyecto de laboratorio impulsado por los Estados Unidos que, desde 1991, intenta fracturar la integridad territorial de la República Federal de Somalia. Lo que hoy vemos no es un acto diplomático, es una bofetada a la soberanía africana y una amenaza directa a la paz regional.

¿Qué busca realmente el imperio con esta maniobra?

La receta es vieja y conocida por nosotros en el Sur Global: "Divide y vencerás". La política de EE. UU. en África no es de desarrollo, sino de "balcanización". El imperio necesita naciones débiles, divididas y enfrentadas para poder saquear sus recursos con total impunidad. Ya lo hicieron con la dolorosa partición de Sudán y lo intentan constantemente mediante la intervención en Nigeria, Etiopía, Eritrea y el corazón de África.

En este escenario, Israel no actúa por iniciativa propia; cumple un "mandado" de su amo del norte. Pero es un mandado que le sirve para sus propios fines macabros. La entidad sionista está desesperada por castigar la valentía y solidaridad del pueblo de Yemen, que se ha plantado con dignidad contra el genocidio en Palestina. Yemen se ha convertido en la "piedrita en el zapato" del sionismo, bloqueando las rutas de la muerte en el Mar Rojo.

El control del mar: El botín de los opresores

Somalilandia tiene una ubicación envidiable: bordea el Golfo de Adén, la puerta de entrada al Mar Rojo y la llave que conecta los mercados de Asia con Europa. Controlar esta costa no es solo un tema comercial; es una estrategia de guerra. Al establecerse allí, el imperio y su satélite sionista buscan montar una base de operaciones para agredir militarmente a Yemen y asegurar el flujo de petróleo y mercancías bajo su bota.

Pero la ambición no se detiene allí. Mientras atacan a Catar para ganar posiciones en el Golfo Pérsico y asediar a Irán, el imperio demuestra que ya ni siquiera confía en sus viejos socios de la Unión Europea. Hoy, Washington prefiere jugar a la guerra de la mano del sionismo, desatando la violencia desde el Caribe hasta el África, mientras sueñan con el utópico y expansivo "Gran Israel".

Venezuela: Faro de Dignidad y Diplomacia Bolivariana

Frente a este atropello, la República Bolivariana de Venezuela no se ha quedado callada. Con la frente en alto y la Constitución en la mano, nuestro Gobierno emitió un comunicado contundente denunciando las pretensiones sionistas y ratificando el reconocimiento a la unidad de la República Federal de Somalia.

Esta es la esencia de nuestra Diplomacia Bolivariana de Paz: principios innegociables de autodeterminación, respeto a la soberanía y denuncia firme contra cualquier forma de colonialismo. Como hijos e hijas de Bolívar, sabemos que la libertad de un pueblo es la libertad de todos. No aceptamos que se sigan despedazando naciones para alimentar la voracidad de unos pocos.

Desde la tierra de Chávez y Bolívar, seguimos alzando la voz. No podrán detener la marcha de la historia hacia un mundo multicéntrico y pluripolar. Un mundo donde los pueblos sean dueños de su destino, libres de imperios y en paz verdadera.

¡Soberanía o nada! 

¡La Patria Grande y el África unida vencerán!

sábado, 20 de diciembre de 2025

Premisa Bolivariana: La Unidad

 

Omar Gómez

Parece que en el manual de la "izquierda moderna" —esa que huele más a lavanda y oficina de la ONU que a pólvora y pueblo— la primera lección es cómo arrodillarse sin que se note mucho el roce en las rodillas. Ya lo advertíamos antes del balotaje chileno: cuando la tibieza se disfraza de estrategia, la ultraderecha no solo gana, sino que se ríe en tu cara (https://patriayautogestion.blogspot.com/2025/12/metidos-en-honduras.html). Aquel discurso timorato de la "izquierda permitida" en Chile no fue un puente, fue la fosa donde enterraron las esperanzas de cambio radical. Ahora es un nazi, confeso, quien suma otra victoria para el imperio.

Semanas después, el panorama es preocupante. Mientras los EEUU nos roba cargamentos de petróleo en las narices —aplicando la ley del pirata con traje de seda—, la respuesta de los "pesos pesados" de la región es de una ternura que conmueve.

Ahí tenemos a Lula da Silva. Ante el recrudecimiento de los ataques contra Venezuela, el hombre sale con que "una intervención armada sería una catástrofe humanitaria". ¡Qué perspicacia! Solo le faltó decir que el agua moja. Lula se queda en la superficie, en el "buenismo", evitando señalar que la bota que pisa el cuello de la región tiene barras y estrellas. Lo más gracioso es verlo al día siguiente estrechando la mano de Javier Milei en el Mercosur. Una efusividad que confunde: no se sabe si saludaba a un homólogo o si le estaba pidiendo consejos sobre cómo ser el mejor peluquero de la casta. Mientras Milei destruye el Estado argentino, la diplomacia brasileña parece estar más preocupada por los modales que por la soberanía.

Y claro, no podía faltar Gustavo Petro. Petro no termina de radicalizarse, y a veces quiere jugar como lo hizo Boric. En un momento donde la unidad militar entre Colombia y Venezuela no es un capricho ideológico, sino un escudo contra el narco-paramilitarismo y la injerencia gringa, el Presidente Maduro lanzó una invitación lógica: unir fuerzas. ¿La respuesta de Petro? Un berrinche digno de quien teme que le quiten el juguete: "Usted no le da órdenes al ejército colombiano". ¡Por favor! Nadie le dio órdenes, se le hizo una oferta de supervivencia. Parece que a Petro le preocupa más el protocolo que el hecho de que su vecino (y su propia casa) esté bajo asedio constante. Es la tragedia de la izquierda que quiere ser "cool" ante los ojos de Washington.

Mientras tanto, del otro lado del charco, Donald Trump sigue en su papel de villano de caricatura pero con armas nucleares. El sujeto ha llegado al descaro de decir que Venezuela le debe petróleo, tierras y activos. Según su "lógica" de prestamista de casino, los gringos fueron echados sin compensación cuando se les acabó la guinda de explotar nuestro crudo a precio de gallina flaca.

Trump sufre de amnesia selectiva. Ignora —o se hace el loco— que la Ley de Nacionalización de 1975 y el proceso liderado por el Comandante Chávez en 2007 cumplieron con todos los protocolos de expropiación y pago de activos. Lo que de verdad le duele es que se les acabó el siglo XX, ese siglo donde ponían y quitaban presidentes con una llamada y se llevaban el petróleo dejando solo pobreza y miseria. La verdadera deuda es la de EE. UU. con el Sur Global por décadas de saqueo ambiental y humano bajo el disfraz de la "Standard Oil" y sus herederas.

Para distraer al público de las nuevas fotos que lo vinculan con su entrañable amigo, el finado depredador sexual Jeffrey Epstein, Trump activa el ventilador de la guerra. Es el viejo truco: si te pillan en una fiesta turbia, bombardea a alguien. Ahora el objetivo son los "bastiones del Estado Islámico" en Siria, usando a un títere local que ayer era terrorista y hoy es el "niño mimado" de la Casa Blanca, todo para cuidar los intereses de la entidad sionista de Israel.

Es curioso cómo el imperio se preocupa tanto por la "democracia" venezolana mientras sus líderes se paseaban por la isla de Epstein. Al parecer, para Washington, los derechos humanos son algo que se exige afuera pero se ignora en el jacuzzi.

Finalmente, tenemos la joya de la corona del marketing bélico: los "ataques cinéticos letales". Es el nombre elegante que le ponen a los asesinatos sumarios en el Caribe. Si matas a alguien en una lancha sin juicio, sin pruebas y sin defensa, no eres un verdugo, eres un "operador cinético". El lenguaje al servicio del crimen.

En esta situación convulsa a nivel internacional, los EEUU tienen abiertos varios frentes de batallas, participando en conflictos que van desde Venezuela hasta Ucrania, desde Palestina hasta Sudán, desde Taiwán hasta Honduras. En todos, los EEUU tienen metida la mano. No es paranoia, es geografía básica del imperio. Por eso, el llamado del Presidente Maduro a la unidad no es un eslogan de campaña; es la estrategia de supervivencia.

La premisa Bolivariana es la Unidad. O despertamos y entendemos que el enemigo no descansa, o seguiremos viendo a nuestros líderes "progresistas" estrechando manos que tienen el dedo puesto en el gatillo que nos apunta.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Nobel de la Paz 2025: La geopolítica detrás de la premiación.

 Omar Gómez

La concesión del Premio Nobel de la Paz 2025 a la dirigente opositora venezolana María Corina Machado es un hecho político de primer orden que trasciende las intenciones declaradas por el Comité Noruego. Como expresión del actual contexto geopolítico global, este galardón representa una herramienta más en el arsenal de la injerencia occidental, destinada a debilitar y desestabilizar procesos soberanos, bajo la narrativa ya gastada de la "lucha por la democracia". Basta con observar la retórica empleada por el presidente del Comité Noruego del Nobel, quien durante la ceremonia lanzó duras críticas contra el gobierno venezolano, llegando a calificarlo como un "Estado brutal y autoritario", para comprender que esta premiación no es neutral ni desinteresada.

La ceremonia de entrega, celebrada en el Ayuntamiento de Oslo el pasado 10 de diciembre, fue en sí misma un acto de profundo simbolismo político. Ante la imposibilidad física de Machado de asistir, fue su hija, Ana Corina Sosa, quien recibió el premio en su nombre. En el discurso de aceptación, leído por su hija, Machado dedicó el galardón "a todo el pueblo de Venezuela" y a los "héroes que luchan por la libertad", al tiempo que realizó una reconstrucción histórica que omite y deslegitima las luchas populares y el proceso revolucionario bolivariano, señalando que desde 1999 se habría "desmantelado" la democracia en el país.

El evento estuvo marcado por la presencia de cuatro mandatarios latinoamericanos que representan, en gran medida, la nueva ola de gobiernos de ultraderecha alineados con los intereses estadounidenses en la región: Javier Milei (Argentina), José Raúl Mulino (Panamá), Daniel Noboa (Ecuador) y Santiago Peña (Paraguay). Su presencia en Oslo no fue casual; fue la ratificación de un bloque político que busca aislar y presionar al legítimo gobierno constitucional de Nicolás Maduro, otorgando a la premiación un carácter de ceremonia de coronación de una oposición que se presenta como única y legítima representante de Venezuela en el exterior.

El discurso del Presidente del Comité Noruego fue particularmente agresivo y, significativamente, traspasó las fronteras de Venezuela para apuntar directamente a sus aliados internacionales. Acusó a "Cuba, Rusia, Irán, China y Hezbolá" de proporcionar al "régimen" de Maduro "armas, sistemas de vigilancia y vías de supervivencia económica". Esta declaración no es una mera denuncia; es la explicitación de la lógica de la Guerra Fría del siglo XXI, donde Venezuela es un peón en el tablero de la confrontación entre potencias.

Resulta irónico que un premio que lleva el nombre de "Paz" haya sido recibido con protestas masivas en las calles de Oslo. La polémica no se limitó a manifestaciones espontáneas. El Consejo Noruego por la Paz, una coalición de 17 organizaciones que tradicionalmente organiza la procesión de antorchas en honor al galardonado, tomó la decisión sin precedentes de cancelar su participación este año. Argumentaron que los métodos de Machado "chocan con sus principios de diálogo y no violencia". Esta decisión, que solo tiene un precedente en 2012 cuando la Unión Europea recibió el premio, desnuda la profunda división y el desprestigio que genera esta premiación incluso en el seno de la sociedad noruega, supuestamente garante de la neutralidad y pureza del galardón.

Además, voces críticas dentro de Noruega señalaron la hipocresía de premiar a una figura que ha expresado abiertamente su apoyo al expresidente estadounidense Donald Trump, cuya administración impuso sanciones económicas letales contra Venezuela y amenazó abiertamente con una intervención militar.

La entrega de este Nobel a Machado inscribe su nombre en una larga y manchada lista de galardonados que desdibujan el espíritu original de Alfred Nobel. Personajes como Henry Kissinger (1973), arquitecto de la guerra sucia en América Latina y el genocidio en Timor Oriental; Theodore Roosevelt (1906), quien expandió el imperialismo estadounidense; o Barack Obama (2009), que recibió el premio mientras libraba siete guerras, son prueba fehaciente de que el Nobel de la Paz ha sido históricamente un instrumento de legitimación del poder hegemónico. Otros que no recibieron el premio, pero fueron candidatos, son figuras como Adolf Hitler (1939) y Francisco Franco (1964). Por otro lado, seguidores del sionismo y colaboradores del genocidio palestino como Menachem Begin (1978), Isaac Rabin y Shimon Peres (ambos en 1994) sí recibieron estos galardones.

Desde la mirada bolivariana y descolonial, este premio es un acto de violencia simbólica. Es la imposición de un relato único, blanco y occidental, sobre la compleja realidad de un país mestizo, pluricultural y en revolución. El discurso de Machado y del Comité Noruego presenta una Venezuela anterior a 1999 como una democracia idílica, ignorando deliberadamente la exclusión social, la pobreza y la dependencia neocolonial que el proyecto bolivariano ha buscado revertir.

Al premiar a una figura que representa a la oligarquía criolla tradicional y que es sumisa a los intereses geopolíticos de Washington, el Comité Noruego está tomando partido en una lucha de clases y en una batalla por la soberanía. No premia la paz; premia la sumisión. Premia la aceptación de un orden mundial donde las potencias del Norte Global dictan las reglas del juego y otorgan medallas a quienes se pliegan a sus designios.

La "transición pacífica" que el Comité alaba es, en realidad, un eufemismo para un cambio de régimen orquestado desde el exterior, un modelo que ya hemos visto aplicarse con resultados catastróficos en Libia, Siria e Irak. La verdadera paz, la paz con justicia social y soberanía, la que construyen día a día las comunidades organizadas, los campesinos, los trabajadores y el pueblo venezolano resistiendo contra un bloqueo criminal, esa paz no tiene cabida en los salones de Oslo.

Como dijo el canciller iraní, Seyed Abbas Araghchi, esta premiación "incita a la guerra contra su propio país". En un mundo donde los fabricantes de bombas reciben premios de paz, la única postura honorable es la de quienes, como la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, se pronuncian contra esta farsa y siguen creyendo y luchando por una paz verdadera, con justicia, dignidad y sin amo extranjero alguno. Como dijo Diosdado Cabello, el premio fue otorgado al mejor postor, y su compradora fue la más selecta representante de la oligarquía venezolana, reaccionaria al extremo y comprometida con las causas más oscuras que tiene la humanidad. Este Nobel será recordado no como un acto humanitario, sino como un episodio más en la agresión imperial contra Venezuela, un premio que huele a petróleo, a hipocresía y a intervencionismo.

Pese a estos ataques y a las intenciones de desprestigiar a nuestro país y a nuestra Revolución, desde Venezuela manifestamos que seguimos firmes, rodilla en tierra, en defensa de la Patria.

martes, 2 de diciembre de 2025

Metidos en Honduras

 Omar Gómez


Con una desfachatez inaudita, el presidente Donald Trump ha incurrido en un abierto injerencismo al sugerir que Honduras debería inclinarse por el candidato que él mismo señaló, el señor Nasry Asfura. Los resultados preliminares reflejan un empate técnico entre Asfura y Salvador Nasralla, ambos representantes de la derecha, dejando en un distante tercer lugar a la candidata progresista, Rixi Moncada. Paralelamente, se ha desplegado una ofensiva mediática y en redes sociales desproporcionada, alineada con esta orden imperial. Como era previsible, se ha recurrido al más rancio anticomunismo para avivar un miedo irracional hacia cualquier propuesta de izquierda, en una suerte de macartismo del siglo XXI.

Esta agresión tiene, entre otras, una consecuencia inmediata: desviar la atención internacional hacia Honduras, opacando lo que ocurre en Venezuela, como el reciente cierre del espacio aéreo por parte de Estados Unidos. Este bloqueo aéreo no es más que una reedición moderna de las políticas de coerción que las potencias aplicaron en 1902 contra Venezuela. En aquel entonces, el imperio británico, el imperio alemán y el reino italiano —seguidos por Holanda, Bélgica y España— bloquearon nuestras costas. Estados Unidos intervino interesadamente como “mediador”, aprovechando la situación para impulsar el Corolario Roosevelt, una extensión de la Doctrina Monroe que pretendía legitimar sus intervenciones en el continente.

Frente a esta realidad, la Revolución Bolivariana ha adoptado el camino correcto: la movilización y organización permanentes. A diferencia de otros gobiernos progresistas que, al desvincularse de su base, permitieron el retorno de la derecha —como ocurrió en Bolivia, Perú y ahora podría suceder en Honduras—, en Venezuela aplicamos la fórmula de la unidad cívico-militar y popular. Iniciamos diciembre convocando una impresionante marcha y concentración en Miraflores, donde el pueblo venezolano llenó las avenidas en defensa de la patria.

 Resulta particularmente ilustrativo el caso del presidente peruano Pedro Castillo. Consciente de lo que estaba en juego, apeló a la movilización popular prácticamente en el último instante, cuando el golpe de Estado ya estaba en marcha. Intentó convencer a la derecha mostrándose imparcial, sin comprender que detrás se conspiraba activamente contra su gobierno. Dime con quién andas y te diré hasta donde llegas. La derecha nunca es buena compañera de camino.

Lo ocurrido en Bolivia, Perú y Honduras debe poner en alerta a México y Colombia. La experiencia de Chile es determinante: un presidente supuestamente de izquierda llenó su discurso y acciones de coincidencias con el imperio y distanciamientos de Venezuela. Incluso su candidata, del Partido Comunista, ha seguido al pie de la letra la retórica antivenezolana, asemejándose a su rival de derecha. México y Colombia deben ser garantes de la paz en el Caribe, señalando con claridad quién es el enemigo, quién despliega portaaviones y quién bombardea lanchas con sentencias de muerte previas.

Brasil, el gigante del Sur, también está llamado a ser garante de esa paz. Aunque su actual gobierno muestre similitudes preocupantes con el anterior, es imperativo que se pronuncie activamente para condenar el injerencismo y el imperialismo estadounidense. La unidad y la vigilancia regional son más necesarias que nunca.

A pesar de la diversa situación regional, Venezuela cuenta con un pueblo valeroso, digno y heredero de las luchas independentistas, contra el que no podrá ningún Imperio.