domingo, 7 de junio de 2026

El Congreso de Panamá frente al Fascismo

 

Omar Gómez

En el mes de junio pero de 1826, hace doscientos años, se inició el Congreso Anfictiónico de Panamá, obra ilustre e inmortal del Libertador Simón Bolívar y convocado para construir la unidad de las repúblicas nacientes, luego de la derrota del Imperio Español. Bolívar sabía que la derrota de ese Imperio, no era garantía para la paz de nuestras naciones, era necesaria la unidad, la solidaridad y la colaboración entre nuestros pueblos frente a las pretensiones estadounidenses que se vislumbraban como sustitutos de los españoles y cuya voracidad ya nos agredía. El Congreso de Panamá también era una respuesta a la doctrina Monroe.

Actualmente, al conmemorarse el Bicentenario de aquella gesta bolivariana, el llamado a la unión de los pueblos se constituye en una estrategia de supervivencia planetaria.

El visión del Libertador Simón Bolívar sigue vigente. La desconexión de las fuerzas progresistas y soberanas abre el camino para que el imperialismo redefina sus mecanismos de control. En este contexto, el bravo pueblo venezolano se mantiene como el epicentro de una resistencia que conecta la doctrina bolivariana con las exigencias de un siglo XXI en plena disputa geopolítica.

El escenario global actual muestra las señales de la decadencia imperial que, al verse despojado de su control unipolar, recurre a sus herramientas más violentas: el fascismo y el nazismo. El crecimiento de opciones de ultra derecha en Europa, América Latina y EE.UU. no son un fenómeno aislado, sino la respuesta del capital transnacional para frenar el avance de la soberanía de los pueblos.

El fascismo es el capitalismo en su fase de desesperación extrema. El nazismo es el mismo fascismo extremo y perverso.

El resurgimiento del fascismo se evidencia en escenarios tales como el crecimiento de las opciones claramente fascistas en países como Perú, Colombia, Chile. También en el crecimiento de opciones nazis en Ucrania, Alemania y Francia. También se evidencia en el silencio y total impunidad con que ocurre el genocidio de Palestina, las agresiones al Líbano, Yemen, Siria y la complacencia ante los crímenes del Gobierno Sionista de Israel. La ironía de la vida es ver como los Sionistas se vuelven cada día más nazis.

Solamente el Gobierno de Rusia está luchando contra el nazismo. Esto se evidencia en Ucrania. Es una lucha por erradicar el nazismo y el fascismo, lo cual se traduce en una lucha por la humanidad. Es una lucha de un Gobierno de derecha contra el nazismo, que evidencia que este último no es ideología sino una opción criminal que debe ser erradicada del mundo.

Volviendo a Bolívar, su pensamiento integracionista ha ido permaneciendo en el tiempo, con una vigencia histórica impresionante. Ante las divisiones y fragmentaciones que impone el capitalismo, la respuesta histórica de líderes como Hugo Chávez y Fidel Castro, ha sido transformar y llevar a la práctica la solidaridad y la integración. Ellos comprendieron que la solidaridad no es caridad, sino una acción política concreta de clase: el internacionalismo de los pueblos.

A través de mecanismos inéditos de integración como el ALBA-TCP, Petrocaribe y la CELAC, Chávez y Fidel demostraron que las relaciones internacionales pueden basarse en la complementariedad y no en la competencia usurera. Su estrategia consistió en romper el aislamiento diplomático y construir un bloque histórico capaz de plantarle cara a las sanciones y los bloqueos económicos, devolviendo a los pueblos el protagonismo de su propio destino.

A pesar de los profundos retrocesos, el mundo del 2026 ya no se rige por los dictámenes exclusivos de Washington o Bruselas. El surgimiento de un nuevo orden multipolar es una realidad irreversible, motorizada por la consolidación de bloques como los BRICS y el fortalecimiento de las alianzas Sur-Sur.

La reciente e importante visita estratégica de la Presidenta (E) Delcy Rodríguez a la India es un ejemplo concreto de esta dinámica. Este acercamiento con una de las economías más pujantes del planeta no solo diversifica la agenda comercial y energética de Venezuela en áreas clave como el petróleo y la tecnología, sino que consolida el papel de la nación en la arquitectura financiera del nuevo mundo. A pesar de tener la bota imperial sobre el cuello de nuestra República, a pesar de tener a nuestro Presidente secuestrado, Venezuela sigue empecinada en construir la unidad de los pueblos y contribuir en la paz mundial. Las alianzas Sur-Sur ya no son proyectos teóricos; son acuerdos tangibles que quiebran la arquitectura punitiva de las medidas coercitivas unilaterales.

A dos siglos del Congreso de Panamá, la disyuntiva sigue siendo la misma que planteaba el Libertador, reformulada por el Socialismo del Siglo XXI: patria o colonia, socialismo o barbarie.

 

¡Viva el Congreso Anfictiónico de Panamá!

¡Fuera el monroísmo!

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