Omar Gómez
Tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026, el panorama nacional ha entrado en una fase crítica donde la tragedia natural se entrelaza con la agresión geopolítica. A pesar de haber elevado la producción petrolera por encima de los 1,2 millones de barriles diarios, colocados bajo la órbita de licencias tuteladas por los gringos y su pedófilo conductor, el cerco económico persiste sin tregua. Este incremento volumétrico no se traduce en alivio directo para el pueblo: la divisa se ha disparado a más del doble tras el secuestro del Presidente Nicolás Maduro, demostrando que la asfixia monetaria e inflacionaria sigue siendo el instrumento predilecto de la guerra híbrida contra nuestra soberanía.
En este escenario, el Gobierno Bolivariano ha priorizado la preservación de la paz nacional. Se trata de una decisión táctica y dolorosa, que ha obligado a asumir tragos amargos frente a la diplomacia hegemónica: la reapertura de la embajada estadounidense, la visita de operadores del Pentágono y la CIA, e incluso el restablecimiento de lazos consulares con la entidad sionista de Israel, rompiendo con una histórica línea de solidaridad inquebrantable con el hermano y heroico pueblo de Palestina.
Frente a la emergencia, el Estado ha respondido con premura mediante instrumentos como la Ley de Promoción y Protección de la Construcción de Viviendas, articulando la atención a los damnificados junto a la cooperación internacional. Sin embargo, no hay ingenuidad revolucionaria: los recursos ofrecidos por los gringos y la entidad sionista no representan filantropía, sino dádivas envenenadas dentro de un esquema de extorsión. Operamos bajo la lógica del secuestro; ante la ausencia de una justicia internacional imparcial y con una tímida respuesta de nuestros aliados estratégicos, el Estado cede temporalmente para salvaguardar la vida y el orden interno.
El cinismo imperial es evidente: los gringos anuncian 300 millones de dólares en "asistencia", mientras retiene miles de millones de nuestras reservas en el FMI y cuentas soberanas. Gran Bretaña envía rescatistas mientras mantiene retenido el oro de la República en las bóvedas del Banco de Inglaterra. Son gestos de propaganda diseñados para encubrir el despojo sistemático de los recursos del pueblo venezolano.
En el plano político, la mesa de negociación instalada a finales de julio —tutelada por Washington y secundada por la Unión Europea— busca imponer una transición institucional bajo el pretexto del cronograma electoral y la administración condicionada de nuestros propios fondos secuestrados. Encabezada la delegación patriota por Jorge Rodríguez, se enfrenta al sector entreguista representado por Dinorah Figuera, mientras la ultraderecha apátrida (con la Sayo a la cabeza) desconoce el proceso únicamente por frustraciones de liderazgo personal.
A pesar de las concesiones forzadas por la coyuntura, las más de 1.080 Medidas Coercitivas Unilaterales siguen intactas. Buques, aeronaves, empresas públicas y transacciones financieras continúan bloqueadas, privándonos incluso del derecho a voto en la ONU por el impedimento forzoso de honrar las cuotas de membresía.
No obstante, la vocación de paz no es rendición. El pueblo bolivariano resiste en tensa calma, reorganizándose desde las bases en cada consulta popular, asamblea comunal y debate del Poder Popular. En las venas de esta Patria corre la sangre emancipadora de nuestros Próceres con Bolívar a la cabeza. No habrá chantaje capaz de quebrar la determinación revolucionaria ni de borrar el socialismo que día a día construimos. Llegará el momento de las definiciones estratégicas y la contraofensiva popular.
¡¡ Venceremos !!
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