domingo, 17 de mayo de 2026

Reescribir la Historia: Estado 51

Omar Gómez

La pretensión de convertir a la República Bolivariana de Venezuela en el "Estado 51" de los Estados Unidos no es un exabrupto reciente; es una matriz colonial de vieja data arraigada en la médula de quienes defienden la anacrónica Doctrina Monroe. El pasado 17 de marzo, coincidiendo paradójicamente con la victoria de la selección venezolana sobre el equipo estadounidense en el Mundial de Béisbol, el pedófilo de la Casa Blanca ya lanzaba su agresión discursiva al afirmar de manera cínica: “¡Están pasando cosas buenas en Venezuela últimamente! Me pregunto de qué se trata esta magia. ¿Alguien concuerda en que se convierta en el Estado número 51?”. Lejos de retractarse, tras la derrota deportiva de su país, el orate imperial volvió a ratificar su postura.

Casi dos meses después, la maquinaria de propaganda gringa vuelve a la carga con una provocación explícita: la publicación de un mapa mocho de nuestro territorio nacional —en el que se consuma el despojo criminal de nuestra Guayana Esequiba—, superpuesto a la bandera estadounidense bajo el título “51st State”. Esta iconografía no es un error de diseño; es una declaración de guerra geopolítica y simbólica.

Las reacciones populares e internacionales no se hicieron esperar. La gran mayoría del pueblo venezolano y de la Patria Grande latinoamericana ha rechazado categóricamente esta infamia. En el seno de los pueblos se mantiene el deseo de libertad, inculcado por nuestros próceres, que se niega a ceder ante el entreguismo neocolonial. No obstante, la provocación también sirvió para desnudar a las minorías apátridas: un reducto de "malinches", racistas y arrastrados que, en su delirio alienado, salieron a aplaudir el ultraje, imaginando un mundo sin visas y añorando una supuesta "mejoría de la raza"  al cruzarse con los catiritos gringos.

La reacción oficial, aunque tibia, también fue claramente de rechazo y la respuesta institucional de la región, aunque en algunos casos timorata, coincidió en el rechazo. Voces de la diplomacia latinoamericana, como la del presidente colombiano Gustavo Petro, fueron enfáticas al repudiar semejante barbaridad jurídica e histórica.

Ante esto, cabe preguntarse: ¿Por qué el imperio insiste en una idea tan descabellada que carece del más mínimo asidero en la voluntad del pueblo venezolano? ¿Se trata de un simple globo de ensayo o de una amenaza velada? Más allá de la provocación discursiva, estamos ante una estrategia de guerra cultural que busca reescribir la Historia para habituar a la opinión pública global a la aceptación sumisa de los designios imperiales y las anexiones forzosas.

Este atropello coincide “casualmente” con el inicio del Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, aquella ambiciosa asamblea de naciones realizada en los meses de junio y julio de 1826 por el genio supremo de nuestro Libertador Simón Bolívar, con el fin de consolidar una patria continental, unida y soberana. Aquel proyecto de integración emancipadora fue torpedeado y saboteado activamente por la incipiente diplomacia estadounidense, que recién estrenaba la Doctrina Monroe de "América para los americanos" (del norte), contando además con la traición interna, encabezada por el entreguista y corrupto Santander.

Hoy, doscientos años después, la conmemoración de este hito sufre de la indiferencia programada del gobierno gringo, e incluso del desinterés del propio gobierno panameño, que alberga el evento histórico. Esta desmemoria institucionalizada ya la presenciamos con el Bicentenario de la Batalla de Ayacucho, una gesta libertaria en donde se selló la independencia suramericana y que tuvo las mayores celebraciones en Venezuela pero que en Perú fue tan gris como la entonces “Presidenta” Dina Boluarte. En el resto del mundo la repercusión de tan magna fecha pasó por debajo de la mesa.

La estrategia de la amnesia histórica es global. Ya la vemos en la burda narrativa occidental sobre la Segunda Guerra Mundial, orientada a borrar el papel decisivo de la Unión Soviética en la derrota del fascismo (ver https://patriayautogestion.blogspot.com/2026/05/cuatro-verdades-sobre-el-dia-de-la.html). Lo vemos también en el discurso colonialista del Estado sionista de IsraHell, que pretende borrar del mapa y de la memoria colectiva al heroico pueblo de Palestina y sus más de 2.000 años de Historia.

Reescribir la Historia pasa por vaciar de contenido el pasado heroico de nuestras naciones, adormecer el legado de nuestros próceres y sumergir a las nuevas generaciones en una inmediatez banalizada por las redes sociales. Nos imponen un mundo globalizado "sin fronteras" virtuales, que en realidad solo sirve para multiplicar las miserias de las mayorías mientras concentra el poder y las riquezas en el complejo militar-industrial de unas pocas corporaciones, creando un pensamiento único y alienado. En definitiva, el intento de reescribir la Historia busca profundizar la barbarie capitalista y pavimentar el camino hacia un futuro neocolonial. Ante el intento de recolonización y la destrucción de la soberanía, la Revolución Bolivariana debe continuar la resistencia activa, profundizar la memoria histórica y la radicalizar nuestro pensamiento crítico y revolucionario.

¡¡ Venceremos!!

 

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